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Por Jessica Rosales

Sucedió en Saltillo, no se sabe el día exacto ni el motivo, pero ocurrió y pone al descubierto la indiferencia de las autoridades, aunque también la falta de actuación de ciudadanos que ante un hecho de violencia se convirtieron en simples espectadores.

Hace unos días justo afuera del bar El Confesionario localizado en pleno Centro Histórico de la ciudad, el vigilante del antro descargó toda su ira contra un cliente identificado como Oliverio Velázquez, quien se encontraba bajos los influjos del alcohol. De acuerdo a las versiones de testigos el joven suele ser prepotente y altanero. Sin embargo, nadie señala que haya agredido físicamente a alguna persona del lugar.

Las imágenes muestran a Oliverio indefenso ante el ataque de un hombre robusto que aplicó toda su fuerza para lastimar a su víctima, mientras el propietario del bar observaba despreocupado y otros grababan lo ocurrido.

Tal vez el temor pudo ser el motivo de que nadie interviniera. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la policía no acudió al llamado de auxilio y, hasta ayer, no existía ninguna denuncia ni carpeta de investigación en la Fiscalía General del Estado. Con los datos obtenidos registramos por el momento, dos dependencias omisas, una municipal y otra estatal.

Pero la responsabilidad llega a los tres niveles de gobierno. La Profeco tampoco ha hecho su labor, pues aunque se trata de un asunto de seguridad es evidente que sus inspecciones son nulas.

Recordemos el caso de la artista saltillense, Sofía Guerra, a quien se le prohibió el acceso a El Mostacho el pasado mes de julio por tener el cabello demasiado corto. Ahí, el Jefe de Relaciones Públicas, Steban Guajardo, el mismo autor de este acto de discriminación, expresó en otro momento: “Mandé por un tubo como a 400 personas, pura persona de piel de colonia del sur”.

¿Qué pasó en ambas situaciones? Absolutamente nada. Hablamos de actos de discriminación, de violencia por razones étnicas, preferencia sexual y/o género.

Hoy hablamos de violencia física. ¿Y las autoridades? ¿Qué podemos esperar? Si el cliente cometió alguna situación que ameritara su retiro del lugar, golpearlo de ninguna manera es lo correcto. La violencia no se justifica bajo ninguna circunstancia.

La imagen es clara, el cliente estaba totalmente indefenso. El abogado y activista David Muñoz quien denunció el hecho, comenta que incluso podría tipificarse como intento de homicidio.

Es momento de que los tres órdenes de gobierno actúen en este tipo de lugares, cada uno en lo que les corresponde. No es posible que ocurran hechos de este tipo y nadie esté dispuesto a actuar. ¿Hemos perdido esa capacidad? Espero que no.

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