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Home Destacada ¿Cada vez menos insectos en La Laguna?

Por Diana Leticia Nápoles Alvarado

Los productores de melón de La Laguna recuerdan que antes las abejas llegaban solas a sus cultivos. “No teníamos que rentarlas, bajaban del cerro. Ahora ya no hay. Algo está pasando”. Nuestra región muestra las consecuencias de una serie de prácticas que han afectado las poblaciones de insectos y plantas, amenazando la producción agrícola.

En la opinión de José Manuel Vázquez Navarro, investigador de la Facultad de Agricultura y Zootecnia de la UJED, si no moderamos nuestra presión antropocéntrica, vamos a terminar con las especies. “Poco a poco estamos haciendo inhabitable el planeta”.

“Estamos haciendo un lugar imposible para la vida silvestre. Cuando eliminamos elementos de la cadena trófica, notamos la falta de los servicios ambientales que llevaban a cabo esos insectos”.

El profesor con maestría en entomología, explica que las poblaciones de todos los insectos se han visto reducidas en nuestra región, a excepción de las plagas. “Mucha gente me dice: antes veíamos mariposas todo el año, ¿por qué ya no? Es porque no tenemos la misma vegetación que hace veinte años. Hemos ido llenando de cemento y asfalto, antes éramos una región más agrícola”. Asegura que es necesario que haya vegetación para que se den estas relaciones entre plantas e insectos.

LUCIERNAGA

Un ejemplo de esta problemática es la desaparición de las luciérnagas en poblaciones como Villa Juárez, Durango. El entomólogo explica que las larvas de las luciérnagas son escarabajos. “Si yo irrumpo en el lugar quitando la pastura pensando que es basura, voy a eliminar la materia orgánica que crea un microambiente para la larva”.

Otro factor que las ha afectado es la iluminación eléctrica. “No tiene sentido que las luciérnagas manden señales luminosas para comunicarse entre machos y hembras en una zona llena de focos. Conforme pasa el tiempo, las hemos ido mandando hacia el Cañón de Fernández, que es donde todavía las podemos ver. Les hemos quitado espacio”.

plaguicidas

Por su parte, Francisco Javier Sánchez Ramos, doctor en parasitología y profesor en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN), explica que el conjunto de parásitos, enfermedades y plaguicidas han contribuido a la reducción de poblaciones de insectos.

“Se han utilizado los clorados, carbamatos, organofosfatos, piretroides y neonicotinoides.

Hay tres productos de este último grupo que se han usado en La Laguna”.

El profesor comenta que cada cultivo tiene un cuadro básico de plagas y plaguicidas a utilizar. En 2015 algunas personas le atribuyeron la mortandad de insectos benéficos a un producto cuyo nombre comercial es Toretto, recomendado para combatir la plaga del pulgón amarillo; la aplicación se realiza en la planta y la penetra.

Sin embargo este producto es altamente tóxico. Donde se ha utilizado este insecticida, se ha registrado mortandad de insectos benéficos como catarinas y crisopas.

“El 90% de las plantas con flores necesita polinizadores y al disminuir la población de estos insectos, la producción agrícola va a disminuir también”.

Por otro lado, el profesor explica que tampoco debemos satanizar los plaguicidas. Más bien, los productores deben darle un uso adecuado, así como respetar el número de aplicaciones recomendadas para cada cultivo.

“Al incrementar las dosis, aumentamos la toxicidad. Al exceder el número de aplicaciones recomendadas, no permitimos que las poblaciones naturales se repongan. Sin considerar que los productos químicos están formulados para eliminar el 50% de una población”.

Las catarinas, crisopas y otros insectos benéficos, son depredadores y se alimentan de organismos que causan daños a los cultivos, por ello su presencia es esencial para mantener bajas las densidades de población de organismos dañinos.

“Al eliminar el control biológico natural, las densidades de población de organismos dañinos tiende a incrementarse. Por eso los nichos ecológicos son muy importantes”.

Por otro lado, los pesticidas se concentran en el polen o en el néctar de las flores, por lo que las crías de abejas u otros insectos pueden morir al ser alimentadas con él.

“Entre más joven sea un organismo, más susceptible es a los efectos de los insecticidas. Además, las partículas que se desprenden de las aplicaciones de pesticidas, pueden viajar kilómetros”.

abejas-muertas

Francisco Javier explica que en las zonas donde se usaron estos productos para combatir la plaga del pulgón amarillo que invadió el sorgo en La Laguna, se encontraron insectos benéficos muertos.

Francisco Salazar Talavera, presidente del Sistema Producto Apícola, comenta que se aplicó una encuesta a los apicultores de la región, donde se les preguntó si sus colmenas habían estado cerca de los cultivos de sorgo; la mayoría contestó que sí. “Casi en toda la Comarca se sembró sorgo el año anterior”.

José Luis Reyes Carrillo, investigador y especialista en abejas que se desempeña como profesor en la Universidad Antonio Narro, explica que el sorgo también da miel. “Como da mucho polen, a las abejas les encanta. Habría que contraponer un mapa de los sembradíos de sorgo afectados por la plaga con un mapa de los apiarios que tuvieron mayores pérdidas”.

Francisco Salazar comenta que ellos notaron el problema el otoño del año pasado.

“Cada año durante el invierno registramos una baja del 10-15%, pero esta vez fue del 70 u 80%”. En Chihuahua, Zacatecas, San Luis Potosí y Sonora tienen el mismo problema. “Todos estamos igual”, explica Salazar Talavera.

Francisco explica que en invierno dejan hibernar a las abejas. En enero comienzan a estimularlas con alimentación para que estén listas en primavera. “Este año empezamos a estimular en enero, pero encontramos nuestras colmenas sin abejas. Nunca las vimos muertas”.

El presidente del Sistema Producto Apícola recuerda que el verano pasado no hubo cosecha. “Nunca hubo miel”. Recuerda que en ese momento no veían la magnitud del problema, “creíamos que había sido una temporada mala”.

Salazar Talavera vio decaer un patrimonio amasado en años, en sólo dos meses. “Hay algunos estados que no tuvieron tantas pérdidas. Ellos pueden ayudarnos a reponer nuestro inventario de abejas para seguir trabajando y no afectar la producción agrícola”.

colmena

 

¿CCD (Colony Collapse Disorder)?

El doctor José Luis Reyes, dice que anteriormente trabajaban en colaboración con el programa de la abeja africana, pero a partir de este año también desapareció. “En Sagarpa están recortando personal y el coordinador de este programa, quien era el responsable de revisar el estado de las colmenas, ya no está. Precisamente ahora que estamos viviendo esta crisis”.

Comenta que el CCD (problema de colapso de colonias) es multifactorial. Y puede ser causado por el uso de insecticidas, parásitos, prácticas de monocultivo, clima, entre otros. “Podríamos decir que lo estamos viviendo. Los insecticidas los revisó SENASICA (Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria) en sus laboratorios”.

El profesor dice que hay apicultores que a lo mejor tenían 40, 50 o 60 colmenas y que si no recuperan su inventario, optarán por retirarse de la actividad.

“Ellos están solicitando que se cree un fondo de emergencia para repoblar sus colmenas. El manejo que le han dado los apicultores a sus colmenas, es el adecuado. Por lo que las causas apuntan a factores externos”.

Pedro Cano Ríos, fitomejorador y genetista de plantas con especialidad en horticultura, comenta que los cultivos existentes en La Laguna son monocultivos y no tienen variabilidad. “Todos los insectos relacionados con ese monocultivo van a acumularse, baja la variabilidad y propicia la llegada de plagas y una reducción de insectos benéficos”.

cosecha algodon

 

UNA HISTORIA CONTAMINADA

El entomólogo Urbano Nava Camberos, explica que durante los años sesentas en La Laguna se sembraban alrededor de 120 mil hectáreas de algodón. “Se hacían entre 15 y 18 aplicaciones de insecticida por temporada. En los ochentas hicimos un estudio y estimamos que las 15-18 aplicaciones equivalían a 3 mil toneladas de ingrediente activo (químicos). Imagínate cómo estaba contaminada La Laguna en esos años”.

Después, en los años ochenta y noventa, se redujo la superficie de algodón, contabilizándose entre 70-75 mil hectáreas, sin embargo “toda la Comarca Lagunera olía a insecticida”.

En 1997 llegó el algodón transgénico, que resultó muy efectivo para controlar las plagas. “Las aplicaciones se redujeron sólo a dos. Además, ya no se sembraba tanto algodón. Se contabilizaban 15-20 mil hectáreas y se hacían sólo dos aplicaciones. Fue entonces cuando el uso del insecticida en La Laguna se desplomó”.

De acuerdo a su experiencia en el campo y su trabajo con productores de la región, el entomólogo Nava Camberos dice que, sin contar con un estudio actual, ha observado una gran abundancia de insectos benéficos en los cultivos.

“Incluso hay agricultores que me dicen: hemos visto animales que antes no había, como culebras o mamíferos pequeños”.

En sus palabras, a través de los años han llegado más plagas como el pulgón amarillo del sorgo que tocó La Laguna en 2014 o el salivazo de los nogales.

pulgon amarillo sorgo 2

 

¿QUÉ MEDIDAS TOMAR?

El doctor Pedro Cano Ríos, dice que una de las medidas que podría tomarse es incentivar la diversificación. “¿Cómo le hacen en Estados Unidos para lograr esto? Ellos tienen un control. Te dicen qué cultivo debes sembrar. Tienen cuotas para cada cultivo. Y les pagan a los agricultores para que no rebasen esas cuotas de sembradíos. Ésa es una buena medida: planificar la siembra considerando la producción nacional. Esto permite que no haya sobreproducción”.

Para José Luis Reyes la clave está en las fechas de siembra. “Hay cultivos que florecen en la misma semana y necesitan la visita de las abejas en los mismos días. Entonces, la demanda de los insectos es muy elevada. ¿De dónde vamos a sacar abejas para atenderlos a todos? También eso requiere organización y planificación”.

Para Manuel Vázquez, otra medida es hacer efectiva la conservación de las áreas naturales protegidas. “Ahí están las plantas silvestres con flor que funcionan con el clima normal. Esas flores son esenciales para que los ciclos de vida de los polinizadores nativos continúen”.

El profesor reitera que no podemos conservar a la naturaleza en partes. La recuperación del hábitat es otro factor importante, pues sin reponer la superficie verde que se pierde, no se recupera el hábitat.

Asimismo, recomienda cultivar especies locales de vegetación para recuperar los hábitats a los que pertenecían los insectos de la región.

“Si traemos árboles de fuera que no son compatibles con el tipo de néctar o flor que necesitan los insectos de esta zona, a lo mejor atraemos otros. O a lo mejor los ahuyentamos. Hay que considerar esto al poner un jardín”, finalizó.

@diananapoles

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