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Home Destacada Dame un Leonard Cohen para suspirar eternamente

Por Fernando Ramírez Guzmán

En 1994 al aparecer los créditos iniciales de la cinta Asesinos por naturaleza (Natural Born Killers, Oliver Stone) descubrí por vez primera la enigmática y cavernosa voz de Leonard Cohen, con el tema Waiting for the Miracle. En la misma película, se hace escuchar nuevamente, interpretando The Future.

Antes de la existencia de Google, de Youtube, de Wikipedia… antes de Shazam o Spotify, realizar búsquedas por medios, digamos artesanales, era una tarea más complicada, pero ciertamente más gratificante.

De entrada me hice del soundtrack de la peli ya mencionada. Después, en alguna biblioteca di con algún ejemplar de los dos tomos de Poesía en el rock.

En el volumen II, con selección y traducción de Rafael Vargas, me encontré que una de las canciones enlistadas era Suzanne, del poeta y cantante canadiense. A pesar de que con la traducción la letra original se saca de contexto y pierde bastante en cuanto a sonoridad, efectividad y hasta métrica del verso, el resultado igualmente me pareció inquietante:

“Y el sol se derrama como miel

Sobre nuestra señora de la bahía

Y ella te indica donde mirar

Entre las flores y la basura”

En el cuento Aquel cuyos ojos se colman de lágrimas, el escritor tapatío Eusebio Ruvalcaba alimentó más mi interés. En algún párrafo del relato se puede leer:

“(…) Sugiere que alguien suba un poco el volumen del CD. No es común la música que está escuchando. Leonard Cohen, lee en la carátula del compacto. Se pregunta entonces, o mejor que eso, hace la pregunta al aire: ¿Cómo es posible, dice, que sea posible componer música tan bella? ¿Qué acaso este señor Cohen es un ángel, un enviado de Dios o algo así? Alguien explíqueme, por favor.”

Al mismo Ruvalcaba le reprocharía el por qué tituló “Una noche con Leonard Cohen” a su obra de teatro en un acto sobre un tipo que piensa en las repercusiones que tendría el pararse en medio de una cantina concurrida para sincerarse y reconocer frente a un grupo de desconocidos que odia a  su madre. Hasta la fecha sigo sin entenderlo… en fin.

De igual forma, las canciones de Cohen juegan un papel relevante en películas como Exótica (Atom Egoyan, 1994), Rompiendo las olas (Breaking the Waves, Lars Von Trier, 1996) y en el documental de Werner Herzog, Fata Morgana(1971).

En el tianguis del Chopo conseguí una copia en formato VHS del documental Message to Love: The Isle of Wight Festival (Murray Lerner, 1970) y me impactó la manera en que Cohen domó a una enardecida audiencia, después de ver la alucinante presentación de Jimmi Hendrix, incluido el mítico incendio de su guitarra en el escenario.

El intérprete nacido en Montreal hilvana una relevante actuación minimalista en donde llevó al auditorio a momentos de reflexión con sus discursos y, sobre todo, con la poderosa lírica de sus canciones.

En ese momento supe, que estaba en la presencia de uno de los más grandes trovadores folk, de la misma estirpe que Bob Dylan. No es casual que en algún momento el más reciente ganador del premio Nobel de literatura llegó a decir:

“Si no fuera Bob Dylan me gustaría ser Leonard Cohen”

Mejor homenaje no pudo haber tenido en vida.

Durante un viaje familiar a Mazatlán, en verano, en el trayecto, después de escuchar música para un ambiente relajado y festivo (Los Fabulosos Cadillacs, para ser más preciso), tocó el turno del CD The Best of Leonard Cohen el cual nos invitó de inmediato a la reflexión.

Mis acompañantes, mi familia, se intrigaron por la sugerente y misteriosa voz, desconocida para ellos, y disfrutamos de su genial y poco convencional música. El maestro de la desesperanza erótica hizo de las suyas.

En lo personal, además de momentos del puro disfrute de sus temas, su música ambienta algunos de mis momentos complicados y sombríos. Comprobé que su música puede llegar a ser el depresivo no químico más poderoso del mundo.

Como una muestra elocuente de los tiempos ominosos que se avecinan su muerte, el pasado 7 de noviembre, coincidió con la fatídica jornada electoral en Estados Unidos que vio ganar la presidencia a Donald Trump.

De entre los dos sucesos, la partida de Cohen me pareció el más desolador. “El mundo será aún más sombrío. Se nos fue Lenny”, atiné a decir a Gaby, mi esposa. Para honrar su memoria, escuchamos esa noche Hallelujah.

Varios años después, comprendí aquella estrofa de Kurt Cobain, vocalista de Nirvana, que en Pennyroyal Tea dice:

“Dame un Leonard Cohen después del mundo,

así puedo suspirar eternamente”

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