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Por Daniel Salinas Basave

La final de la Liga MX desde mi perspectiva se puede resumir en los siguientes puntos:

1.- Obvia decir que el partido me pareció simplemente repugnante.

2.- Envuelta en la bandera de un barato patrioterismo, nuestra parcial prensa futbolera y la opinión pública estaba contra Tigres.

Éramos el malo de la película, el odiado, la despiadada máquina extranjera contra el humilde equipito mexicano. ¡Vaya patraña! pues Guadalajara tiene una nómina más cara que la de los Felinos, pero es imposible hacer entender a las cacatúas del micrófono.

Todo se cargó en contra de Tigres y eso, obvia decir, influyó en el arbitraje.

3.- A Tigres le sigue afectando el llamado síndrome River, el síndrome Pachuca, una suerte de malaria o roña emocional que los infecta en las finales y les impide materializar en el campo su superioridad.

El futbol es emocional, circunstancial, aleatorio y terriblemente injusto como la vida misma. Por eso es apasionante.

4.- Tuca: la posición en la tabla influye. ¡No se vale tirar a la basura medio torneo! Por no acelerar desde el principio nos tocó cerrar de visitante en Pachuca y en Jalisco y ya se ve que emocionalmente afecta y mucho. No da lo mismo quedar en séptimo lugar que en segundo.

Tigres es superior a Pachuca y a Guadalajara, no me cabe duda, pero eso no pudo demostrarse en finales. Se perdió contra equipos mosca muerta.

5.- Guadalajara ganó porque tiene un técnico muy inteligente. El mejor del rebaño es su pastor, Matías Almeyda supo leer la serie. La clave fue la agilidad de la defensa, su capacidad de anticiparse a las jugadas, la manera en que marcaron a Aquino y a Gignac. Gratamente sorprendido de Orbelín Pineda.

6.- El partido se ensució horriblemente al final, a un grado de plano risible y Guadalajara abusó de las marrullerías a un nivel descarado. ¿Era necesario comerse un penal tan burdo? ¿La consigna era acuchillar de esa manera?

7.- Hay gente muy querida por mí que le va al Guadalajara así que lo único que puedo decir es que me da mucho gusto por ellos. Disfruten y sean felices, porque al rebaño no lo volveremos a ver en una final hasta el 2027 y Tigres en cambio estará peleando finales dentro de seis meses.

Cuando al millón de villamelones se les pase el furor, el rebaño volverá a su costumbre de jugar con estadio semivacío y navegar en la media tabla mientras que Tigres seguirá abarrotando una y otra vez el Volcán porque la afición Felina es la mejor del país y está entre las mejores de todo este futbolero planeta.

8.- Posdata: ¡Arribaaa los Tigueeereesss!

El autor es aficionado a los Tigres de toda la vida, ha ejercido el periodismo y es es autor de los libros: Mitos del Bicentenario (ICBC, 2010), Réquiem por Gutenberg (ICBC, 2012), La Liturgia del Tigre Blanco (Océano, 2012), Cartografías absurdas de Daxdalia (CECUT, 2013) y Vientos de Santa Ana (Literatura Random House, 2016). Ha ganado, entre otros reconocimientos, el Certamen Internacional Sor Juana Inés de la Cruz por Bajo la luz de una estrella muerta; el premio Gilberto Owen de cuento por Días de whisky malo; el José Revueltas de ensayo por El lobo en su hora y el Malcolm Lowry por Cartógrafos de Nostromo

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