Luis Guillermo Digital
Home Destacada Estamos rompiendo la cadena

Por Diana Leticia Nápoles Alvarado

Millones de palmas han muerto en nuestro país debido al amarillamiento letal, una enfermedad sistémica (que afecta todo el organismo) de las plantas que llegó a México en los años setenta y que ha avanzado tanto en ciudades costeras, como hacia el interior.

También llamado el “SIDA del reino vegetal”, se transmite a través de un fitoplasma que porta un insecto conocido como chicharra (myndus crudus) y que es llevado de una palma a otra.

Según SENASICA (Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria), entre los síntomas de la enfermedad está la decoloración rápida de las hojas, la aparición de follaje de color amarillo o naranja, aborto y pudrición del cáliz de los frutos y, finalmente, la muerte.

Cabe destacar que hay muchas especies de chicharras y aún no se determina cuáles de ellas están propagando la plaga. El fitoplasma obstaculiza la circulación de los nutrientes en las palmas. Además, el insecto infectado puede transmitir esta bacteria a otros insectos, crías y larvas. La enfermedad tarda en incubarse entre siete y quince meses.

En nuestra región hay más de siete mil palmas datileras y el amarillamiento letal podría causar la muerte de todas. Para su tratamiento se utiliza un antibiótico: la oxitetraciclina. Las palmas pueden morir en un período de tres a seis meses después de mostrar los primeros síntomas. Para la flora de nuestra región se trata de una enfermedad nueva.

palmas torreon

Además de las aplicaciones de este producto, se ha tratado de solucionar el problema talando las palmas que han ido muriendo para evitar que otras se contagien. Otra de las soluciones que se plantean es sembrar especies vegetales resistentes al amarillamiento letal, además de árboles nativos de la región y especies que se adapten al clima lagunero.

Otro dato interesante de esta enfermedad es que fue detectada hace un año, en mayo de 2015. En ese momento se aplicaron algunos productos como tratamiento y se realizó un diagnóstico de varias zonas. Sin embargo, la afectación ya está presente también en Viesca y San Pedro.

Se tiene registro de que en las costas que van de Sinaloa a Tamaulipas se dejaron morir cientos de palmas de coco. Después, se identificó a las que sobrevivieron y se procedió a realizar cruzamientos para crear especies más resistentes.

Hasta el momento se han talado más de 190 ejemplares, mientras que dos centenares permanecen en tratamiento. Y entonces surgen preguntas. ¿Cuáles son los servicios ambientales que dejaremos de tener en la región al quedarnos sin todas estas palmas?

Investigadores hablan de una contingencia ambiental en La Laguna. Aún no se determina si la plaga podría invadir otras plantas hospederas del insecto (césped, maíz y otros cultivos), además de las palmas.

¿Qué hábitos y prácticas nos llevaron a crear este escenario en el que tanto insectos como plantas, el principio de la cadena trófica, están sufriendo alteraciones que no se habían presentado con anterioridad?

Si estos organismos no pueden vivir en nuestra región, tal vez llegará un punto en que nosotros tampoco. Los insectos son indicadores de sustentabilidad y las pequeñas alarmas que van emitiendo buscan hacernos poner atención a lo que no se está haciendo correctamente.

@diananapoles

0