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Home Opinión Los que ganaron en el desencanto

Rafael G. Vargas Pasaye

“Una curiosa tendencia humana es la de resaltar con mucho mayor énfasis y vehemencia lo que marcha mal que lo que va bien. Es comprensible: lo indeseable requiere ser enmendado mientras que lo plausible sencillamente debe seguir siéndolo”, escribió el pasado 12 de abril en las páginas de Excélsior, Luis de la Barreda Solórzano en un texto titulado “El desencanto con la democracia”.

El desencanto es probable que continúe pese a las altas expectativas, y no por otra cosa sino por la sencilla razón de que algunos cambios estructurales en el país requieren no sólo tiempo, sino talento y voluntad, y parece que no en todas las áreas se cuenta con el carro completo.

Ojalá lo que esté bien hecho se mantenga, pero en el ánimo todavía más de campaña que de estadista, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, entretenido haciendo anuncios diarios de sus nombramientos (a este paso para octubre va a presentar a Directores de Área), sigue con las frases hechas y anuncia por ejemplo que la Reforma Educativa se cancelará.

Quizá algunas cosas en ella, como en el resto de las reformas no han funcionado, pero nadie se opone en su sano juicio, por ejemplo, al examen de oposición, esto es que quien en verdad esté capacitado para ocupar la plaza lo haga y no sea una especie en venta al mejor postor.

El desencanto fue bien aprovechado por una fuerza política en la pasada elección, misma fuerza que debe demostrar de manera casi mágica sus resultados, por ejemplo, en El Sol de Toluca el jueves 31 de mayo pasado la cabeza de la nota fue: ‘El desencanto pesa mucho, nos favorece’: Delfina Gómez Álvarez”, precisamente la entonces candidata y hoy Senadora electa del Estado de México, sabía que el desencanto jugó a favor de una causa (la suya) y por ende en contra de otra.

El fantasma del “sistema corrupto” tiene su caducidad cuando cambia de mando, ahora el sistema serán los que lo criticaban, y si bien el bono de luna de miel sigue siendo alto, el desgaste ya lleva días de iniciado. Minimizará la lista de culpables cuando se comprenda que ahora las riendas las lleva quien antes criticaba.

Citado en el mismo texto de De la Barreda, la fundación alemana Bertelsmann Stiftung subraya que la crisis de la confianza está empezando a erosionar la legitimidad de los gobiernos latinoamericanos. “En Latinoamérica la insatisfacción con el funcionamiento de la democracia está amenazando con mutar en un descontento de la democracia como tal”. Una causa del desencanto por supuesto que tiene que ver con la economía, la gente necesita dinero y no precisamente para ser feliz, sino para ser pleno.

Pero influye la inseguridad, la violencia que vemos todos los días, la corrupción, el desencanto sigue en crecimiento. Lo señalan encuestas y estudios de opinión, el valor al futuro parece perder fuerza, en ese tema debe apuntalar también sus esfuerzos no sólo el gobierno federal entrante sino todos los gobiernos municipales y estatales, pues la gente no siempre sabe diferenciar entre poderes, lo que la gente desea es que los servicios en su ciudad siempre funcionen y funcionen bien, quiere tener empleo y seguridad, quiere salir a jugar al parque en familia, aunque también en un ánimo de colaboración, debe el ciudadano ahora poner más de su parte.

Porque para exigir también se deben dar resultados. El país en pleno está ante una oportunidad inmejorable para que la sociedad mejore, para que la clase política suba un escalón en la medida de confianza, de satisfacción, y entonces sí, minimizar los niveles de desencanto que hoy siguen siendo la norma y que ayudaron a unos a ganar la elección.

@rvargaspasaye

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