Luis Guillermo Digital
Home Espectáculos Pistolas, agua y rosas: una receta para la nostalgia

Por Fernando Ramírez Guzmán

La acera de Avenida Río Churubusco, del lado del Palacio de los Deportes, luce como una romería. Pequeños puestos improvisados se multiplican por la banqueta. Los gritos que alteran la monotonía en aquella zona, son a la vez, el recordatorio de la visita a Chilangolandia y el preludio al concierto de Guns N’ Roses: “lleve lleve la taza, el tequilero, la playeraaaaaa!!”. “Bara bara” “Bara Baraaaa!!”.

Un puente peatonal separa la realidad de la ilusión, de la nostalgia. Pero también separa la región 4 del primer mundo: Los souvenirs oficiales se consiguen al triple del precio de los productos “similares”. Piratas, pues. Las cheves son de a 100 pesos y los jochos en 65. Ahí cerca, se puede ver otro puente, el que inmortalizó José Elorza, en voz de Cecilia Toussaint: el puente de Viaducto Piedad.

El Foro Sol presentaba una entrada más que aceptable de un público variopinto, pero con predominio del color negro en sus indumentarias. Las dos generaciones que es tan común ver en conciertos de rock: padres e hijos, se hicieron presentes.

La banda inglesa The Cult ambientó a los asistentes y con su sonido los envió, cual máquina del tiempo, a mediados de la década de los ochentas con su hard rock primigenio.

Puntuales a la cita y con los acordes de It´s So Easy saltó al escenario Guns N’ Roses con toda la energía y la nostalgia a cuestas. Su vocalista, Axel Rose, con su pie fracturado apareció en silla de ruedas y se colocó en un trono que le facilitó el ex Nirvana y Foo Fighter, Dave Grohl, y desde ahí empezó a pontificar. Se le extrañó el no verlo correr por todo el escenario, así como no verlo con la falda tipo escocés y su paliacate en la cabeza que volvió el sello de la casa en la década de los noventas. En cambio, sorprendió por su desempeño y por las notas agudas que caracterizaron su peculiar timbre de voz.

No importó que el cielo se estuviera cayendo a pedazos, el grupo californiano formado en 1985 fue desahogando sin prisas y sin pausas un set list plagado de emociones y recuerdos. La pertinaz lluvia no era suficiente para apagar el ánimo de un público ávido de buen rock. En todo caso, sirvió como un pletórico marco, como si fuera parte de la producción, de la escenografía, para dar realce al encuentro sonoro y visual con la nostalgia.

No Fucks Given

Desde que apareció en el escenario con su arquetípico sombrero negro, el guitarrista principal, Saul Hudson, mejor conocido como Slash, se apoderó del momento y de las miradas de los ahí reunidos. Lejos de achicarse con la lluvia, se creció al castigo. “No Fucks Given” decía el estampado de su playera. Y efectivamente, no importó el aguacero. El músico se brindó sin reservarse nada. Si las estrellas pop suelen cambiar de indumentaria en sus presentaciones, Slash lo hizo con sus guitarras Gibson con las cuales trazó laberintos sonoros alucinantes.

Desde sus característicos riffs, hasta los solos más memorables en rolas como Sweet Child Oh Mine, y la trilogía November Rain, Don´t Cry y Stranged, pasando por el acento ranchero – gabacho que la guitarra doble neck consigue en Knockin´On Heavens Door, hasta las muy inspiradas y originales versiones de El padrino, de Nino Rota y de I Wish you Were Here, de Pink Floyd, en la que le acompañó el segundo guitarrista, Richard Fortus, toda una joya.

No desentonó en lo absoluto el bajista Duff McKagan quien se reintegró a la banda en este año, al contrario, en la batería de Rich Ferrer encontró a un gran aliado para desplegar una base rítmica con punch. Duff, además de gobernar con el bajo, cantó New Rose, cover de The Damned. El apoyo de los tecladistas Dizzy Reed y Melissa Reese, fue más que sobresaliente.

Welcome to the Jungle, You Could Be Mine, Nightrain, Rocket Queen, Mr. Brownstone y My Michelle terminaron por trastornar a los asistentes, invitándolos a hacer el famoso mosh pit, mientras que los momentos para la reflexión se consiguieron con This I Love, There Was a Time y Live and Let Die.

Chinese Democracy, Double Talkin’ Jive y Better completaron el set list.

Podría uno pensar que la producción no estuvo a la altura del súper grupo que es Guns N’ Roses, fue más bien básica, minimalista. Pero visto con otro enfoque, al final del día se trataba de simple, total y absoluto rock & roll. No hacía falta nada más.

Después de la pausa, la introducción de Don´t Cry, nos sacó corriendo a no pocos del baño. Continuó el encore con Yesterday, por si hacía falta más evocación nostálgica y un cover de The Who, The Seeker. Finalmente, la festiva Paradise City fue el cierre, la caída del telón. Al terminar, nos dejaron como a Paquiao contra Marquez: confundidos, desorientados: ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Qué me dieron?

Terminó el concierto, más no la lluvia. La salida me recuerda el clásico de Ortega y Gasset: “La rebelión de las masas”. Solo había que apuntar a la puerta, del resto se encargaría el flujo del conglomerado humano. Ríos de gentes nos dirigimos hacia el puente. El último escalón nos deposita en la acera donde iniciamos el periplo a través del tiempo. La realidad nos da la bienvenida. Adiós nostalgia.

Twitter: @ferramirezguz

0