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Por Jessica Rosales

La violencia de género afecta por lo menos al 30% de las mujeres en el mundo. Es cierto que este grupo de la población tiene desventajas, no por su falta de capacidad frente a los hombres, sino por un tema cultural y de educación: aún no logramos erradicar en México el hecho de que, algunas mamás, eduquen hombres machistas y mujeres sumisas.

El tema de la violencia de género es una realidad y la violencia política, por razones de género, también. Sin embargo, esto no puede ni debe ser un pretexto para ocultar un acto de corrupción cometido por una mujer.

Todos merecemos respeto, tenemos derechos y no debemos permitirnos ser violentadas. Pero también, como ciudadanas, debemos admitir los errores y señalamientos que la sociedad hace de otras mujeres que se desempeñan en el ámbito público, por supuesto, cuando están sustentados.

Buscamos igualdad y equidad de género, lo que significa un trato igualitario frente a los hombres en el ámbito social, económico y político. Esto no significa de ninguna manera que se nos deba un trato privilegiado por encima de los hombres. Si una servidora pública tiene un mal desempeño o ha incurrido en un acto de corrupción, el hecho de ser mujer no debe ser una herramienta para su defensa.

En el ámbito político y gubernamental se ha documentado que, hay mujeres que no cumplen su función y que, incluso incurren en abuso de poder. Desafortunadamente, por esto la imagen de la mujer se demerita o, en su caso, retrasa más los alcances y logros que buscamos: la igualdad y equidad, dos principios estrechamente relacionados, aunque distintos.

Actualmente la ley obliga a partidos políticos a postular el mismo número de mujeres y de hombres a los cargos de elección popular, y los gobiernos integran su gabinete en un equilibrio que permite la presencia de ambos en 50-50.

Pero como impulsoras de la equidad y la igualdad de género, debemos tener claro que, las mujeres que lleguen a un cargo de elección popular o asuman un cargo público deberán obtenerlo por sus méritos, por sus capacidades, trayectoria y tenacidad. De ninguna manera alguien debería obtener un puesto sólo por ser mujer.

Ahora que los espacios están disponibles es momento de aprovecharlos, de impulsar a aquellas que tienen la capacidad y de señalar a quienes han hecho un mal desempeño. Entiéndase esto no como violencia política, sino como justicia social.

Hay mujeres con grandes virtudes y habilidades. Es momento de que ocupen estos espacios, vayamos apoyando esos perfiles y demostremos quiénes son la mejor opción por su talento y no por su habilidad para caminar en tacones.

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