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Home Opinión Cine Sobran los motivos para el museo de El Santo

Por Luis Guillermo Hernández Aranda

El Santo es sin duda una de las figuras más emblemáticas de nuestro México junto a Pedro Infante y  la Virgen de Guadalupe. Para conmemorar los 100 años de su natalicio, El Hijo del Santo planea abrir un museo en la Ciudad de México donde el visitante podrá apreciar máscaras, ropa, mallas, capas y trofeos del enmascarado de plata.

“Estamos trabajando de la mano con el Gobierno de la Ciudad de México para habilitar una casa museo, celebrando los 100 años de El Santo”, dijo el hijo del luchador a Notimex.

Recientemente se cumplieron 33 años de la muerte del luchador, fue un cinco de febrero de 1984 cuando un paro cardíaco antes de salir a dar su show de escapismo en el teatro Blanquita le quitó la vida.

El Santo, el Enmascarado de Plata, cuyo verdadero nombre fue Rodolfo Guzmán Huerta, filmó 53 películas. La primera llevó por título Santo contra el cerebro del mal (1958), la cual fue una coproducción con Cuba. Mientras que su última cinta fue La Furia de los Karatecas en 1982, donde también aparece el Gigante Sabio, Tinieblas.

Gracias a las películas y a las historietas que editaba José G. Cruz, El Santo se convirtió en una figura en culto e ídolo de las masas. Incluso cuenta la leyenda que en las zonas más marginadas de México El Santo llegó a ser considerado un verdadero héroe, de ahí que cuando fuera a luchar en estas zonas del país y el “Profe” era vapuleado por los rudos, la gente en la arena le gritará “vuela Santo, vuela”, como lo hacía en las historietas.

El personaje que llegó a Europa gracias al cine causó gran fascinación cuando las personas del viejo continente se enteraron que a diferencia de Batman o Superman, El Santo sí existía y cada domingo luchaba para ganarse el pan. En Beirut un cine tiene una estatua del Enmascarado de Plata.

Las películas de El Santo mostraban avances tecnológicos que en esa época eran impensables: relojes que servían para comunicarse, videotelefónos, pistolas de fuego. Mientras en su primera etapa en el cine el Enmascarado de Plata vestía siempre como luchador, a partir de Operación 67 de 1966, el luchador dejó las capas para convertirse en una especie de James Bond, quien vestía sport pero siempre a la moda. Al mismo tiempo que dejaba su laboratorio para vivir en lujosos departamentos.

El grito de Santo, Santo, salió de las arenas para llegar a las salas de cine. Recuerdo que en esos domingos de matiné éramos muchos los niños que gritábamos el clásico Santo, Santo, cuando el luchador peleaba contra marcianos, vampiros y delincuentes.

Rockeros como Botellita de Jerez han confesado su amor por las películas de luchadores que incluso inspiraron el nombre que adoptó el grupo de Las Víctimas del Doctor Cerebro como homenaje a un villano que peleaba contra El Santo.

Sin duda sobran los motivos para abrir un museo como homenaje a ese ícono de la cultura popular mexicana.

Gracias al DVD poco a poco he ido haciendo mi colección de películas de luchadores porque aunque ya rebasé los 40 años, la piel se me sigue poniendo chinita con el final de la película de Santo contra los Zombies cuyo diálogo dice:

“¿Quién será el Santo? Una leyenda, una quimera, la encarnación de lo más hermoso, el bien y la justicia. Ese es El Santo, el Enmascarado de Plata”.

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