¿Vale la pena llegar a los golpes?


Por Carlos Pacheco

El sábado pasado en el TSM se desató un broncón al concluir el partido entre Santos y Tigres, posteriormente en los estacionamientos aledaños al Estadio Corona se suscitaron otras riñas y perjuicios a vehículos de aficionados santistas.

Golpeados, daños materiales y unos cuantos detenidos fue el saldo después de la tormenta.

Antes hay que resaltar que en este tipo de eventualidades no se debe generalizar, ni fueron todos los aficionados de Tigres los violentos, ni los de Santos y que no siempre en el TSM hay broncas cuando vienen aficiones de otras ciudades, ni en otras ciudades amedrentan siempre a los laguneros.

De todo este mar de reprobables hechos hubo dos que llamaron mucho mi atención y me gustaría resaltar.

El primero es una entrevista que realizaron al aficionado de Tigres (al que ponía guardia de boxeador mientras instigaba a la pelea y después se le fue a golpes a uno de su propio equipo), ya tras las rejas da su versión de los hechos y otros tantos disparates, a la pregunta final del reportero: “¿Vale la pena los golpes? ¿Vale la pena estar encerrado por un equipo de futbol?” a lo que nuestro púgil de las gradas responde: “Lo vale… más por Tigres“…

De entre todas las cosas por las cuales valdría la pena luchar en este país, a este aficionado se le ocurrió que un equipo de futbol era lo más valioso. Dejemos de lado pelear por la familia, o los amigos, mucho menos por un mejor país, mejores condiciones de vida, equidad de género, autoridades competentes al mando de nuestro gobierno, al parecer todo eso son nimiedades al compararlas con las entidades futbolísticas.

En un texto anterior escribía que ser aficionado a un equipo de futbol, nos devuelve a un estado primitivo tribal, y esto parece indicar que muchos aficionados actuales no han logrado la evolución.

Repasando videos y fotografías se percibe que hay un grado de este estado primitivo cuando aficionados regios agreden a familias, a padres con sus hijos, a asistentes a la zona de discapacitados, sin importarles el daño provocado. ¿Y para qué? ¿Los valientes amedrentando familias han salvado el orgullo?

En uno de los videos que circulan en redes sociales se puede apreciar como una jovencita pide auxilio cuando por lo menos seis pseudo-aficionados se abalanzan contra ella y su novio.

Es claro que existieron deficiencias en el tema de seguridad, más presencia policíaca así como un operativo que hubiera impedido que ambas aficiones se encontraran en la salida del inmueble, tal vez habría impedido la bronca; pero tampoco se trata de que cada aficionado tenga a un policía al lado para cuidarlo o para evitar que cometa una ofensa. Se trata de disfrutar sanamente del futbol.

El segundo hecho al que quería hacer referencia son las declaraciones que hizo el presidente de Tigres, Alejandro Rodríguez, después de los hechos violentos: “Estaban en una salida (aficionados de Tigres), y los empezaron a pasar por ahí, entonces les lanzaron cosas y pues fue reacción”, dijo el directivo, como justificando todo el asunto.

Como diciendo, “nuestra afición está en su derecho de agredir porque fue agredida”, cuando está más que demostrado que la violencia sólo genera más violencia.

Dijo el pensador pacifista Gandhi: “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”.
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