La crisis política en Francia ha alcanzado un nuevo punto culminante con la aprobación de la moción de censura contra el gobierno del primer ministro Michel Barnier. Este miércoles, la Asamblea Nacional dio un golpe contundente al Ejecutivo al aprobar la moción con 331 votos a favor, superando ampliamente la mayoría de 288 que era necesaria para destituir al funcionario.
La votación se produjo en un contexto de creciente descontento popular, con los diputados de izquierda y de ultraderecha unidos en su rechazo al gobierno de Barnier, quien apenas llevaba 100 días en el cargo.
La censura no solo afecta a Barnier, sino que también debilita gravemente al presidente Emmanuel Macron, cuya decisión de nombrar a Barnier en septiembre fue presentada como una medida para asegurar la estabilidad del país. Sin embargo, la dimisión del primer ministro se convirtió en un símbolo del desgaste político, con figuras clave como el diputado Éric Coquerel de la coalición Nuevo Frente Popular (NFP) señalando que este acto marca el fin de un mandato presidencial.
Aunque Macron no enfrenta una amenaza directa a su presidencia, las críticas a su gestión se intensifican. Marine Le Pen, líder de la extrema derecha, instó al presidente a reflexionar sobre su futuro, sugiriendo que debería considerar si puede seguir en el cargo o si es hora de ceder ante el creciente repudio popular.
El colapso del gobierno de Barnier lo convierte en el más breve en la historia de la Quinta República, apenas superando los 100 días en el cargo. La moción de censura se produjo tras varias tensiones, especialmente cuando Barnier se negó a cumplir con una de las principales demandas de la oposición: la revalorización de las pensiones, que había sido postergada en su proyecto de presupuestos para 2025.






