Mientras los termómetros rompen récords y los ríos languidecen en el norte de México, los gobernadores de Coahuila, Tamaulipas y Chihuahua han levantado la voz con una firme consigna: el agua de México es primero.
Esta semana, el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, lanzó una advertencia clara ante la extracción extraordinaria de agua en la presa La Amistad, ubicada en Ciudad Acuña.
“Estamos preocupados. Esta operación pone en riesgo el abasto para los habitantes de Acuña y Piedras Negras”, señaló.
Su denuncia no es aislada. Los mandatarios estatales están unidos en su rechazo a seguir entregando agua a Estados Unidos en cumplimiento del Tratado de Aguas de 1944, cuando las presas están a menos del 14% de su capacidad y millones de mexicanos enfrentan escasez.
La raíz del conflicto: el tratado de 1944
Este tratado, firmado entre México y EE.UU., establece que nuestro país debe entregar 2 mil 158 millones de metros cúbicos de agua cada cinco años a través de los ríos tributarios del Bravo. Pero la sequía prolongada y la baja captación en las presas La Amistad y Falcón han hecho que hasta ahora solo se hayan enviado 602.7 millones.
La deuda, que ronda el 70% del total, vence el próximo 24 de octubre de 2025. Y mientras tanto, en los municipios del norte, las llaves se secan y la desesperación crece.
“No podemos permitir que falte agua en casa”
El clamor de los líderes estatales no es solo político, sino profundamente humano. “Lo más importante es que la gente tenga agua para el consumo diario”, remarcó Manolo Jiménez, quien ya solicitó reuniones con la Secretaría de Agricultura y con Rosa Icela Rodríguez, titular de Gobernación.
En la misma línea, el alcalde de Acuña, Emilio de Hoyos, pidió la intervención directa de la presidenta Claudia Sheinbaum, exigiendo la suspensión inmediata de las extracciones extraordinarias en La Amistad. Su propuesta va más allá de lo urgente: una mesa interinstitucional con participación de todos los niveles de gobierno, sociedad civil y organismos internacionales, para diseñar una estrategia hídrica sustentable.
Tamaulipas: “No es momento de cobrar esa deuda”
El gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, también mostró su descontento. Su secretario de Recursos Hidráulicos, Raúl Quiroga Álvarez, cuestionó el momento en que se quiere cerrar la contabilidad del agua.
“Estamos entrando en temporada de huracanes. Si se llenan las presas por fenómenos naturales, el ciclo se cierra solo”, explicó.
Su mensaje fue claro: EE.UU. no debe presionar ahora, cuando el país enfrenta una de las crisis hídricas más severas en décadas.
Un llamado urgente a la solidaridad nacional
En este panorama, María Eugenia Campos, gobernadora de Chihuahua, también se sumó a la exigencia de revisar el tratado con una visión realista y soberana. Para ella, cada litro enviado fuera es un litro que no llegará a las casas, escuelas y hospitales del norte mexicano.
La resistencia de estos gobernadores ha encendido un debate nacional: ¿Debe México seguir cumpliendo un acuerdo internacional cuando su propia gente sufre por falta de agua? La respuesta aún está en el aire, pero una cosa es segura: el agua ya no solo es un recurso vital, es un tema de justicia social y soberanía






