El Centro Cultural Los Pinos fue escenario de una fiesta musical inolvidable el pasado 27 de abril, cuando el reconocido cantautor Luis Pescetti cautivó a más de 3 mil asistentes. Familias enteras se congregaron en el helipuerto del recinto para participar en un concierto vibrante, lleno de canciones, bailes y carcajadas.
Desde el inicio, el público respondió con entusiasmo a la llamada de “¡Pescetti, Pescetti!”, y el artista argentino no defraudó. Comenzó su presentación con temas queridos como “Morder a un compañero no está bien” y “Hay un gato negro en el tapial”, marcando el tono de una tarde dedicada a la alegría y la interacción.
El concierto, organizado por Alas y Raíces en el marco del Día de los Niños, también celebró las tres décadas de este importante programa. Pescetti destacó la labor fundamental de Alas y Raíces en México, refiriéndose a él como una “botonera” crucial para la infancia, digna de reconocimiento por su constante dedicación.
A lo largo de su actuación, Pescetti mantuvo un diálogo constante con los asistentes, compartiendo datos curiosos y adivinanzas, como la peculiar composición de las salchichas. Su repertorio incluyó canciones que invitaban a la participación activa, transformando el espacio en una gran pista de baile al aire libre.
Uno de los momentos más emotivos llegó con la canción “Déjame acá”, donde el músico animó a padres y madres a realizar una coreografía con sus hijos, fomentando el contacto visual, los abrazos y los besos. Asistentes como Estela Velazco, quien trajo a sus nietos después de haber disfrutado de Pescetti en la infancia de su hijo, reflejaron el impacto multigeneracional de su música.
La energía del concierto alcanzó su punto álgido con temas festivos como “Soy pelotita de ping pong”, “Dijiste que tu amor sería eterno” y “El vampiro negro”, esta última la más solicitada de la tarde. La lluvia que comenzó a caer no dispersó al público; por el contrario, pareció intensificar el ánimo y la participación colectiva.
Pescetti concluyó su presentación con un mensaje inspirador, instando a todos a no dejar de cantar ni bailar, incluso frente a las noticias negativas. El concierto finalizó con “Dicen que los changos”, coreada al unísono por los asistentes, quienes se resistían a que la mágica tarde terminara.







