4 mayo, 2026
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Ofensiva de EE.UU. en el Caribe redirige las rutas del narcotráfico regional

Internacional

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Los ataques de Estados Unidos contra las operaciones de narcotráfico en el Caribe están generando un impacto visible, aunque no necesariamente el esperado. Si bien parece que la droga sale menos directamente de Venezuela, los expertos advierten que el negocio ilícito no se reduce, sino que se transforma y se adapta a través de nuevas rutas y métodos de transporte, a menudo más difíciles de detectar.

Durante décadas, Venezuela ha sido un punto clave para la salida de cocaína en Sudamérica, dada su ubicación estratégica. Sin embargo, la intensificación de las operaciones estadounidenses en el Caribe, con interceptaciones y ataques a embarcaciones sospechosas desde septiembre de 2025, ha elevado drásticamente el riesgo de operar desde sus costas. Estas acciones, impulsadas por el Comando Sur de EE.UU., han registrado decenas de ataques y más de 150 muertes hasta marzo de 2026.

A pesar de la agresiva campaña militar, expertos como Adam Isacson de la Oficina de Washington para América Latina, señalan que el flujo de drogas hacia EE.UU. no ha disminuido. Los datos fronterizos muestran incluso un ligero aumento en la detección de cocaína en los meses posteriores a los ataques. Esto sugiere que el narcotráfico persiste, posiblemente con menos visibilidad debido a cambios tácticos.

Desvío geográfico y nuevas vías

Alex Papadovassilakis de InSight Crime confirma que no hay evidencia de una disminución sostenida del tráfico en el Caribe. Sus investigaciones indican que los ataques, concentrados en lanchas rápidas entre Venezuela y las islas cercanas, han provocado un desplazamiento. Se ha observado un aumento de vuelos no registrados hacia Guyana, Surinam o Brasil, utilizados para cargamentos con destino a Europa, y un incremento del tráfico en la Amazonía.

El cambio no es solo geográfico; las tácticas también han evolucionado. Los narcotraficantes utilizan ahora un mayor número de pequeñas embarcaciones que realizan paradas en Centroamérica, así como contenedores de carga y rutas terrestres. También están aumentando el uso de narcosubmarinos semisumergibles, torpedos operados por drones y aeronaves para el transporte de grandes cantidades de droga.

El método “rip-on/rip-off”, donde la cocaína se carga y descarga de contenedores legales antes y después de los controles de seguridad, sigue siendo común. Sin embargo, los grupos criminales están innovando con métodos químicos avanzados, camuflando la cocaína en cargamentos legales, disolviéndola en líquidos o mezclándola con materiales de construcción o metales, lo que dificulta su detección.

Fricción, no solución definitiva

Expertos como Geoff Ramsey del Atlantic Council, coinciden en que estas operaciones en el Caribe no atacan el problema de raíz. Representan una “molestia menor” para las redes criminales, que poseen la capacidad de adaptarse, absorber mayores costos y redirigir sus envíos. Antes de esta campaña, la mayor parte de la cocaína hacia EE.UU. ya transitaba por el Pacífico, no por el Caribe.

A largo plazo, la solución al narcotráfico requiere un enfoque estructural. Ramsey subraya la necesidad de reforzar los controles en el comercio marítimo y la cooperación internacional. Isacson, por su parte, enfatiza la corrupción, afirmando que el narcotráfico prospera gracias a la “complicidad no investigada ni castigada entre funcionarios y redes criminales” en puntos clave de tránsito. Sin abordar estos factores, el flujo de drogas difícilmente se detendrá.