11 mayo, 2026
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La figura de Hernán Cortés: quinientos años de debate entre México y España

Internacional

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A quinientos años de la caída de México-Tenochtitlán, la figura de Hernán Cortés sigue siendo objeto de un intenso debate, generando controversias entre México y España. Este explorador, que se aventuró en las nuevas tierras americanas desde joven, logró consolidarse como una figura central en la conquista de 1521, un éxito que lo persigue para bien y para mal.

Aunque su nombre se afianzó como “el conquistador de México”, el logro de Cortés fue, en realidad, resultado de una fuerza militar mayoritariamente indígena. Historiadores como Martín Ríos Saloma destacan que fue una “constelación de personajes indígenas e hispanos” la que participó en este complejo proceso, aunque Cortés se encargó de que su nombre brillara por encima de los demás.

Nacido en 1485 en Medellín, Extremadura, Cortés abandonó sus estudios de jurista para seguir el espíritu de aventura y expansión de su época. Influenciado por el ideal caballeresco y la convicción religiosa de extender el cristianismo, zarpó hacia La Española en 1504 y luego a Cuba, donde empezó a forjar su experiencia militar y sus planes de exploración.

La estrategia de la conquista

Al avanzar por el golfo de México en 1519, Cortés comenzó a comprender la intrincada red de relaciones y rivalidades entre los pueblos indígenas. Figuras como Malintzin fueron cruciales, no solo como intérpretes sino como puentes para forjar alianzas militares y políticas con comunidades descontentas con el dominio mexica.

El imperio mexica mantenía un sistema tributario que sometía a otros señoríos, quienes veían en la llegada de los españoles una oportunidad de liberación. Así, el señorío de Tlaxcala se convirtió en el principal aliado militar de Cortés, aportando miles de guerreros que fueron decisivos en la campaña contra Tenochtitlán.

Eventos clave y violencia

En su marcha hacia la capital mexica, Cortés ordenó ofensivas devastadoras, como la masacre de Cholula, un importante centro ceremonial. Aunque Cortés justificó la acción como una anticipación a un ataque, fuentes indígenas la describen como un asalto brutal contra una población desarmada, con miles de víctimas.

Otro episodio trágico fue la matanza del Templo Mayor en mayo de 1520, donde, bajo el mando de Pedro de Alvarado, miles de indígenas desarmados fueron asesinados durante una fiesta ceremonial. Estos actos, junto con la epidemia de viruela traída por los europeos, debilitaron drásticamente a la población mexica durante el sitio de Tenochtitlán.

Tras la derrota española en la Noche Triste, Cortés reorganizó sus fuerzas y, con un ejército de más de cien mil indígenas y unos novecientos cincuenta españoles, sitió Tenochtitlán. La ciudad cayó el 13 de agosto de 1521, marcando el fin del imperio mexica y el inicio de un nuevo orden.

El debate actual

La figura de Cortés ha sido constantemente reinterpretada a lo largo de los siglos, convirtiéndose en un foco de disputa política en la actualidad. Declaraciones recientes entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, han reavivado el debate sobre la hispanidad y la violencia de la conquista.

En 2019, el expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador solicitó a la Corona española y al Vaticano una disculpa por los abusos cometidos durante la conquista, una petición que generó un fuerte rechazo en España. Este episodio puso de manifiesto la profunda división en la interpretación de este período histórico entre ambos países.

Historiadores como Ríos Saloma sugieren que el México actual es el resultado de la interacción de las civilizaciones hispana y mesoamericana. Es fundamental reconocer esta historia compartida, con sus luces y sombras, para comprender el presente y afrontar los desafíos del futuro, dejando de lado las cargas del pasado.