La vida del reconocido luchador Chessman, cuyo nombre real es Kevin Citlali Martínez Zamora, pudo haber tomado un giro completamente diferente. Antes de convertirse en una estrella de la AAA, el “Asesino de la Luz Roja” soñaba con ser futbolista, siguiendo los pasos de su padre, una figura destacada en el balompié nacional.
Su padre, Javier ‘Titino’ Martínez Arredondo, campeón con el América y exjugador de Pumas y Tampico Madero, deseaba fervientemente que su hijo continuara su legado en las canchas. Chessman comenzó a jugar fútbol a los cinco años y demostró tener talento, incluso llegando a la segunda división profesional, lo que le abrió las puertas a una oportunidad en el club Necaxa.
Fue durante una prueba crucial con los Rayos del Necaxa donde ocurrió el incidente que cambió su destino para siempre. En un partido de interescuadras, en el año en que estaba cerca de debutar, Chessman fracturó el tobillo a otro jugador en una acción de juego. Este suceso inesperado tendría consecuencias profundas en su carrera deportiva.
La directiva del Necaxa, molesta por el incidente y el valor del futbolista lesionado, decidió apartarlo del equipo, pidiéndole que regresara a su lugar de origen. Este momento marcó el fin de su sueño futbolístico y generó un distanciamiento significativo con su padre, quien le retiró todo el apoyo al ver que no continuaría en el deporte que él tanto amaba.
A pesar de la adversidad y la falta de respaldo paterno, Chessman encontró una nueva dirección en la lucha libre. Este camino no fue sencillo, requiriendo un esfuerzo doble para salir adelante. Tuvo que realizar diversos trabajos, desde vender juguetes hasta recoger desperdicios industriales, e incluso enfrentó momentos de precariedad, durmiendo en el metro.
Su madre fue su pilar fundamental, siempre alentándolo a perseguir sus sueños. Aunque al principio le dijeron que no tenía futuro en el pancracio, su perseverancia lo llevó a conocer a Antonio Peña, el visionario creador de la AAA, quien no solo le dio una oportunidad, sino que también lo impulsó a convertirse en una de las figuras más emblemáticas y respetadas de la lucha libre mexicana.







