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A merced del cambio climático la última capa de hielo del Ártico

El pasado mes de agosto, los científicos a bordo de un rompehielos que había estado flotando entre el hielo a través del océano Ártico en un viaje de investigación de un año de duración decidieron desviarse hasta el Polo Norte.

Necesitaban llegar rápido, así que recurrieron a datos satelitales para encontrar una ruta en la que la concentración de hielo marino fuera suficientemente baja para que el rompehielos, el Polarstern, pudiera atravesarla con facilidad. La encontraron en un lugar insólito, el mar de Wandel, justo al norte de Groenlandia.

“Esta zona solía estar colmada de un hielo marino viejo y grueso”, señaló Melinda Webster, investigadora de la Universidad de Alaska Fairbanks quien estaba a bordo para esta parte de la expedición Mosaic. “No es lo que nos encontramos cuando pasamos por ahí”.

En lugar de eso, el hielo era delgado y había mucho mar abierto, dijo Webster.

Ahora los investigadores han demostrado por qué las condiciones del hielo en el mar de Wandel fueron tan diferentes el verano pasado. Dicen que el calentamiento del clima ártico redujo el espesor del hielo y que un cambio inusual en los vientos empujó gran parte de este hacia el mar.

“Como suele ocurrir con los fenómenos extremos, hay un componente de cambio climático subyacente”, afirmó Axel J. Schweiger, científico del clima de la Universidad de Washington y autor principal de un artículo que describe la investigación, publicado el jueves en la revista Communications Earth & Environment.

Los hallazgos tienen implicaciones que podrían ser preocupantes para el mar de Wandel y las aguas cercanas al norte de Canadá, una región conocida con frecuencia como la “última zona de hielo”. Puesto que una corriente oceánica circular, el giro de Beaufort, tiende a mantener el hielo atrapado ahí, los modelos climáticos han predicho que podrá retener el hielo cuando el calentamiento haga que se derrita en el resto del océano Ártico en los veranos, quizá en las próximas décadas.

Si esta región permanece llena de hielo, podría ser el último refugio estival para los osos polares y otros animales del Ártico que dependen del hielo marino, pero la nueva investigación sugiere que la zona puede ser menos resistente al calentamiento, y que se pueden esperar periodos similares de bajas concentraciones de hielo.

“Esta región no es tan estable como creíamos”, comentó Luisa von Albedyll, investigadora de las dinámicas del hielo en el Instituto Alfred Wegener de Alemania, quien también estaba a bordo del Polarstern cuando se eligió la ruta. Ni ella ni Webster participaron en la nueva investigación.

Schweiger y otros investigadores habían visto y estudiado el adelgazamiento del hielo en el mar de Wandel en años recientes, incluido un momento en 2018 en el que se abrió una gran zona de mar abierto, llamada polinia. La experiencia del Polarstern también despertó el interés de Schweiger. Por lo general, la ruta “no sería la primera opción para el capitán de un rompehielos”, señaló.

Con el uso de imágenes satelitales y modelos por computadora que emulan el hielo marino, él y sus colegas demostraron que la mayor parte del efecto sobre el hielo en el mar de Wandel en 2020 podría estar relacionado con la variabilidad natural de los vientos en la zona.

Por lo general, esos vientos soplan desde el norte y, con las costas de Groenlandia y Canadá al sur, suelen mantener el hielo en su sitio. En agosto de 2020, los vientos cambiaron y soplaron en la dirección opuesta, lo que provocó que gran parte del hielo saliera del mar y se desplazara hacia otro lugar.

No obstante, las simulaciones también mostraron que el cambio climático influyó al derretir y adelgazar el hielo, como ha sucedido en otras partes del océano Ártico en las últimas décadas. Aunque el mundo en general se está calentando como consecuencia de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases que atrapan el calor y que son generados por el ser humano, el Ártico se está calentando unas dos veces y media más rápido que la media, mucho más que otras regiones.

Los investigadores también analizaron lo que podría haber ocurrido en años anteriores bajo las mismas condiciones de viento que existieron el verano pasado, con datos a partir de 1979, cuando comenzaron las imágenes satelitales modernas del Ártico.

El análisis mostró que si los mismos vientos cambiantes hubieran ocurrido en 2018 y 2019, se habrían producido condiciones similares de poco hielo, “pero la probabilidad de que esto hubiera sucedido con el hielo de 1979 es mucho menor”, dijo Schweiger, porque la región no se había calentado tanto en ese momento y el hielo era más grueso.

Webster afirmó que el estudio ofrecía una “explicación muy razonable” de lo que ocurrió el verano pasado. Además, ilustró un punto importante acerca de los efectos del cambio climático en el Ártico, dijo.

“A medida que el hielo marino se adelgaza y se vuelve más estacional, se torna más sensible a lo que ocurre en la atmósfera y el océano”, afirmó. “Así que las condiciones de viento tendrán un papel más relevante”.

“Lo que experimentamos el verano pasado no tiene precedentes”, añadió Webster. “Pero es probable que sea la norma en las próximas décadas”.

“Así está cambiando el Ártico”.

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Escrito por Redacción

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