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Alejandra Guzmán mostrará en vivo su ‘Lado Oscuro’

“Lado Oscuro” es una canción que seduce desde sus primeros acordes. Se trata de un Carpe Diem que te invita a vivir el momento, a ser feliz solo por hoy. Es un himno a los héroes de capa caída, que te atrapa, te sacude, te va dejando migajas de pan y cuando caes en sus redes, te pone una revolcada de aquellas. Pero luego te suelta, aunque hay que aclarar que cuando lo hace ya no eres el mismo, o quizá sí, pero te convierte en un ser más libre, más liviano, redimido y con las alas remendadas, listas para sacudirse el polvo y alzar el vuelo de nueva cuenta.

Esta rola fue a rehabilitación y se nota. Es una especie de “mea culpa”, pero no de esas que son de golpe de pecho, de dientes para afuera y luego vuelves a ser la misma persona de siempre. Este sencillo te enfrenta con tus propios demonios y en lugar de espantarlos, de quemarlos en leña verde, te hace que camines de la mano con ellos, que los reconozcas y en lugar de hacer como que no los ves, los abraces, los perdones, los domestiques, les hables de frente, les digas cuánto te duele tenerlos hospedados en esa casa que es tu cuerpo y finalmente que los mantengas a raya para convertirte en una mejor versión de ti mismo. Y es que el Diablo que habita en nosotros, en Ale, en este hermoso lamento musical, calladito se ve más bonito.

El tema inicia con un piano que suplica, que se deja ir, que te envuelve con sus notas mientras te encamina al precipicio. Pero su sonido no es apocalíptico, todo lo contrario, es el sonido de un piano que ya tocó fondo, que ya visitó los infiernos, que sabe que para disfrutar la luz, hay que hacer una parada en la oscuridad.

¿Y cuál es la luz al final del túnel? Una voz rasposa que suena a verdad, que se desnuda, que deja ver sus heridas, que canta con el corazón en la mano porque sabe de qué pata cojea. Esa voz suena a blues, suena a godspell, suena a confesión y su sonido grave, bajo, hace temblar una iglesia que sabe cuándo alguien habla desde la profundidad de un alma rota.

“No quiero borrar, todas las veces que me equivoqué/ No quiero quitar todas las piedras del camino/ Ni coser heridas que quedaron cuando tropecé”, dice Ale sentada al piano y no solo le creemos, sino que la acompañamos en el duelo, porque nosotros, sus escuchas somos como ella, imperfectos, siempre caemos, como diría José Alfredo Jiménez, en los mismos errores y otra vez a brindar con extraños y a cantar por los mismos dolores.

Esta canción es para los que no aprendemos en cabeza ajena, para los que volvemos a tropezar con la misma piedra y sin embargo llevamos los arañazos con orgullo, porque son heridas de guerra que muestran de qué material estamos hechos y que nos recuerdan cuánto duele estar vivo, cuanto duele respirar, cuanto duele amar y entregarse completo y sin embargo habla de esperanza, de empezar de nuevo, de levantarse y caminar distinto.

Esta canción Alejandra la escribió con sangre y a los que tenemos una personalidad adictiva nos cayó como anillo al dedo. Y es que la pandemia le dio tiempo de estar en la soledad de su cuarto, de tomar lápiz, papel, guitarra, de sentarse al piano y echarse un clavado al interior, de conocerse mejor, de preguntarse dónde duele y por qué duele y convertir esa oscuridad en luz, en buena vibra, en espiritualidad y regalar a sus horda de seguidores una lección de vida, un motivo para ponerse de pie, ser mejores personas y sembrar aceptación: “Hoy puedo saber/Que no hay dolor que no se cure con el tiempo/ Que no hay palabra que no se lleva el viento/Que lo único que tengo es el momento”.

“Todos tenemos un lado oscuro y es mejor conocerlo a no querelo ver, apartarlo o esconderlo. Es mejor afrontarlo y conocer tus debilidades y no dejar que te atrapen porque durante la pandemia florece la depresión. A veces no nos gusta estar con nosotros mismos y aprender a hacerlo es un arte. En la soledad afloran las emociones y yo ya no huyo de mí, he aprendido a aceptar mis debilidades, a escuchar a mi cuerpo y decidí que esos demonios no me van a hacer más daño. Todo lo puse en esta canción que fue mi mejor terapia, con ella hice las paces conmigo misma y entendí que no soy perfecta, que nadie lo es y hay que aprender a ser feliz”, dijo Ale en entrevista para explicar lo que “Lado Oscuro” representa en su vida.

Y es que esta canción, aunque hable del lado oscuro, es todo lo contrario, un canto a la vida, al amor, un grito de esperanza, una risa franca, una celebración, un abrazo de perdón, un hombro donde apoyarse, una mano que se extiende para caminar juntos: “Ya lo hice/Desperté y abracé mis demonios/ Llegar a aceptarlos fue duro, pero hasta la luna/Tiene su lado oscuro”.

Y para quienes crean que Ale por primera vez abre su alma para que veamos de qué está hecha por dentro, cuáles son los hilos que la mueven, pues déjenme decirles que están equivocados: En el mismo tenor, Ale grabó un tema delicioso, donde avienta netas a través de los acordes de una guitarra manipulada por Pablo Preciado. Se llama “Estoy Viva” y está cargada de verdad, de poder femenino, de amor propio y claro de reconciliación con lo que uno es: “Hoy puedo equivocarme y nada lastimarme/ Mientras tenga una almohada donde pueda desahogarme/ Todo lo que he cantado, contando mi pasado/ Lo turbio de repente hoy se ve tan claro.  Soy el bien, soy el mal, soy la vida/Una eterna rival o tu amiga/ Una fiera fatal, una loca de atar/ Celebrando al final que estoy viva, viva, viva, viva, vivita… viva”. Se trata de un tema que llena el alma y grita felicidad. Ojalá Ale la grabe alguna vez en un disco y la cante en vivo, porque los fans morimos por escuchar ese tema con esa voz aguardientosa, a la Janis Joplin, esa que con el sello Guzmán, hace que se te erice la piel.

Lo mismo pasa con “Tengo derecho a estar Mal”, una canción que se ha convertido en el sountrack obligado de retiros espirituales, rehabilitación, cursos de superación personal, encuentros de inteligencia emocional y que de manera individual funciona como el mejor terapeuta. Lo único que tienes que hacer es sentarte en el diván y dejarte seducir por el poder curativo de la música y la magia del canto desnudo, rasposo, profundo y lleno de verdad de Ale: “Tengo derecho a estar mal/Tengo derecho a cantar/Lo que hay en mi corazón/Lo que escribí con mi dolor/Tengo derecho a estar mal/Déjame sola llorar”.

No hay entrevistas en las que promociona este sencillo en que Alejandra deje claro que ha tocado fondo, pero además ha tocado el cielo, he estado bien cerquita de la gloria y todo esto que a ella le pasa y nos pasa a todos, lo terminó convirtiendo en una obra de arte, en acordes melancólicos, en grito desesperado y en un himno que levanta los brazos al cielo y grita fuerte, muy fuerte: ¡Ánimo! Y de fondo se escucha cada vez más fuerte: “No voy a olvidar/Quién estuvo ahí las noches que me derrumbé/Quién me dio la mano cuando me vio caer/ Quién prendió una vela cuando no podía ver”.

“Y es que todo estamos rotos, estamos abiertos, tenemos heridas, pero hay que aprender a ver para arriba. Sabes cuál es la mejor manera: crear, escribir, ponerte a pintar, cantar, componer, sacar lo que llevas dentro, porque con el arte llegas al cielo, se te abre el alma, se libera, se te acomodan los chacras. La clave es hacer lo que te gusta aunque sean 10 minutos diarios, hablarle a tus células, quererte, uno se puede sanar a sí mismo cuando hay introspección. Cuando sabes que estás haciendo algo malo tienes que ser honesto contigo y hacer la tarea de echarte un clavado interno y cambiar”, dijo Alejandra, con la sinceridad de siempre, en entrevista.

“Tengo mis errores, pero los he sabido aceptar, el perdón más importante viene de ti, de cuando tú realmente necesitas abrazarte, cuando escribí Necesito Amarme hablaba de eso, una parte dice ‘sigo perdiendo, pero vuelvo a dar’. Esta canción ha conectado con la gente porque es honesta es real y mira que solo es piano y voz y algo de cuerdas. Yo me he perdonado muchas veces y ahora que estoy tranquila compuse esto para regalar luz, porque ya les di rebeldía y  locura, pero ahora se trata de dar perdón, de repartir amor, de tocar el corazón. La gente necesita honestidad, un abrazo cálido, porque en estos momentos hay mucho odio y cosas negativas y que mejor alimento que la música”.

Y es que “Lado Oscuro” recuerda esa rola con la que está hermanada y que fue un trancazo que se llama El Lado Oscuro, un tema de Jarabe de Palo que reza:  “Puede que hayas/ Nacido en la cara buena del mundo/ Yo nací en la cara mala/ Llevo la marca del lado oscuro”. Ale lleva también la marca del lado Oscuro, pero lo convierte en luz, como en arte, en reconciliación, en paz interna y en perdón.

Ale nos dice con la herida aún abierta: “Esta soy yo” y nos regala algo que todos requerimos, desahogarnos. Así que descárgenla, cómprenla, escuchen, o asistan al concierto virtual este 15 de mayo , veánla en vivo y a la menor provocación apaguen las luces del cuarto, enciendan veladora y póngala muy fuerte porque no hay mejor rehabilitación que ir de la mano de Alejandra, quien con este tema entrañable que salió de su puño y letra, nos traslada, con esa voz rasposa y adolorida, al un lugar donde hay consuelo, donde hay perdón, donde hay paz y donde nos abrazamos a nosotros mismos y a nuestros demonios con un único objetivo: ser mejores seres humanos.

Y grítala, grita con fuerza y con la mano en el corazón: “No soy un ángel/Nadie me enseñó a volar, no soy perfecta/ Sigo aprendiendo a caminar”.

¡NO TE LO PIERDAS!

Concierto en streaming desde el Auditorio Nacional

15 de mayo

21:00 horas

Boletos en: ETicket

Escrito por Redacción

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