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Anya Taylor-Joy ama vivir en los 60’s

Como una de las más nuevas estrellas de Hollywood, el éxito de Anya Taylor-Joy fue casi instantáneo desde que cautivó al mundo entero, desde Netflix, con la serie “Queen’s Gambit”, con los pasos de una carrera que tiene mucho que ver con las mejores jugadas de ajedrez. Será por eso que acaparó los flashes de los fotógrafos, cuando llegó al Festival Internacional de Cine de Venecia, para el estreno mundial del thriller “Last Night in Soho”, que pasó también por otros prestigiosos festivales en Toronto, Zurich y Tokio.

– ¿En qué cambió tu vida con la fama de ‘The Queen’s Gambit’?-

“¿Cómo cambió mi vida? Es muy extraño todo, pero lo que más me hace feliz es que amo cada trabajo nuevo que me toca. En cierto momento estuve preocupada por llegar a perder ese amor. Y no desapareció. Estoy agradecida de seguir conservando la misma pasión de siempre”.

-¿Hollywood es el sueño que imaginabas o hay momentos en que puede convertirse en una pesadilla?-

“Bueno, no lo llamaría ‘pesadilla’, pero es como todo, hay partes buenas y partes malas, aunque siempre es posible encontrar gente excepcionalmente hermosa”.

-¿Tu perspectiva del éxito sigue siendo igual?-

“No sé… me siento muy afortunada de haber trabajado en todo lo que hice hasta ahora. Y cada día que pasa me gusta más la actuación. Yo estoy aquí por el trabajo. El éxito es maravilloso, pero al final del día, lo que más me importa es levantarme y salir a trabajar con las mismas ganas de siempre. Y en ese sentido me siento increíblemente privilegiada por la oportunidad de poder seguir trabajando”.

-¿El mejor consejo que te hayan dado para sobrellevar mejor la fama?-

“Sé tu misma, siempre. Y es algo muy difícil de lograr, en especial en esta profesión, donde es bastante difícil seguir siendo siempre la misma persona”.

-¿Te das los mismos gustos que antes? ¿Cuál sería por ejemplo una salida perfecta, lejos de las cámaras?-

“Cualquier cosa que tenga que ver con bailar… en un ambiente saludable. No soporto esos lugares donde la gente está parada con un trago en la mano, mirándose sin hacer nada. Me vuelve loca. Me encanta salir a bailar, por ocho horas, sin parar. Ese es mi sueño”.

-¿Y el ajedrez?-

“(Risas) Amo el ajedrez, aunque tuve que dejar un poco para tratar de aprender algo nuevo en los otros trabajos de cine que vengo haciendo. Pero no veo la hora de tener un poco más de tiempo libre para volver a jugar al ajedrez”.

-¿La mejor lección que te dejó el ajedrez?-

“Lo divertido que puede ser el sentimiento de mover una simple pieza de ajedrez. Es realmente divertido. Con Thomas Brodie-Sangster jugamos un ajedrez muy pícaro (risas). Y nunca hubiera imaginado que en mi vida necesitaba semejante picardía, pero me vino muy bien”.

-¿En la vida real, hay algo en particular que no seas tan buena?-

“Soy terrible dibujando. No puedo dibujar nada de nada. Tampoco soy muy buena en la cocina. Nadie me salva ahí (risas)”.

Aunque nació en Miami el 16 de Abril de 1996 con el largo nombre de Anya Josephine Marie Taylor-Joy, sorprende por completo verla hablar un perfecto español con acento argentino. La explicación se torna mucho más fácil al saber que en aquel entonces los padres de Anya solo estaban de vacaciones por Estados Unidos. La familia vivió incluso en Buenos Aires, hasta que se mudaron a Londres, donde ella por un tiempo se negó a aprender el inglés, con la esperanza de volver a Argentina. Manteniendo la triple ciudadanía estadounidense-argentina-británica, es la primera en recordar que no se sentía cómoda en otro país donde no se hablaba el español. Esa fue la gran razón por la que decidió dejar la escuela secundaria, por tantas burlas, con apenas 16 años. Pero la suerte estuvo de su parte cuando por un simple paseo por el famoso Harrods inglés, la descubrió nada menos que Sarah Doukas, la fundadora de la agencia de modelos Storm Management.

-¿Algún momento de tu niñez llegó a ejercer cierta influencia en tu decisión por ser actriz?-

“¿Mi primer recuerdo de alguna actuación? Una rutina de baile de ‘Barbie Girl’. Hice que todos en casa se sentaran a verme. Y tengo una familia grande, así que hoy están agradecidos que esa parte de mi vida terminó”.

-¿Es verdad que tu forma de ser y tu actitud en la vida tiene mucho que ver con haberte criado en la Argentina?-

“Bueno, en realidad agradezco haber crecido en una familia que siempre me apoyó y entendió realmente el valor del trabajo en equipo. En cine es el equipo el que logra una película, un equipo que te apoye. Y eso es lo que más agradezco: mi amor por trabajar en equipo”.-El gran punto en común entre ‘Queen’s Gambit’ y tu nuevo personaje de ‘Last Night in Soho’ es que ambas transcurren en la década del 60 ¿Hasta qué punto te identificas con esa época sin haberla vivido más allá de la ficción?-

“Honestamente, el estilo de música que siempre me gustó es la música de los años 60. Y será por eso que me encantan tanto esos personajes, porque suelo hacer una lista de canciones, un playlist, para identificarme con mis personajes. Y sigo escuchando la misma música que escuchaba cuando yo tenía 16 años”.

-¿Admiras a alguna estrella del cine de aquella época de los años 60?-

“Hay tantas… son demasiadas para elegir una. Amo a Ginger Rogers y Katharine Hepburn. Diosas”.

-Tu personaje en ‘Last Night in Soho’ se parece también al de ‘Queen’s Gambit’ como alguien que le cuesta encontrar su lugar y conseguir un sueño ¿Al principio de tu carrera sentiste ese estilo de presión o te sentiste incómoda en cierto lugar en particular?-

“Supongo que todos pasamos por algo parecido en cierto punto de la vida, ya sea en la niñez con la escuela o en el ambiente de un nuevo trabajo. Me parece que es algo muy universal. Pero yo me conecto definitivamente con el hambre de mi personaje Sandy por querer ser parte de este mundo, porque yo no conocía a nadie en la industria del cine aunque sabía que quería ser parte de este mundo y fui buscando mi propia forma de entrar. Siempre escuché esa frase, que para tener éxito se necesita estar en el lugar correcto, en el momento correcto. Y en la juventud uno piensa “no puedo hacer nada para estar en el lugar correcto, en el momento correcto”. Pero hoy siento que sí estoy en el lugar correcto, en el momento correcto”.

-¿Tu buen gusto por la moda también es algo que se destaca delante y detrás de cámaras? ¿Ayuda en la actuación la moda de un buen vestuario?-

“Siempre fui una apasionada por la moda. Me gusta vestirme bien. Y es lo que también me encanta de ‘Last Night in Soho’, por el vestuario brillante que diseñaron, con el estilo de los 60 que se destaca tanto. Honestamente, yo no sé quien es mi personaje hasta que me veo en el espejo y siento que tiene el vestuario correcto. Recién cuando me doy cuenta lo que elige esa persona para cubrir su cuerpo cada mañana, empiezo a entender mucho más a ese individuo, como si lo conociera por primera vez. Una vez que estoy con el peinado, el maquillaje y el vestuario de mi personaje, ahí sí puedo decir: Ah, así es esta persona y recién ahí, siento que puedo hacer un buen trabajo”.

Con la dirección de Edgar Wright, en “Last Night in Soho”, Anya Taylor Joy interpreta a la cantante principiante Sandie, en una historia de un thriller psicológico que parece un verdadero sueño, cuando se encuentra con otra principiante diseñadora de moda que misteriosamente llega a la década del 60 desde… el futuro. Pero el glamour no es todo lo que parece y los sueños del pasado tienen que ver con algo mucho más oscuro de lo que aparenta.

-¿La parte donde te tocó cantar en ‘Last Night in Soho’ fue tan fácil como la actuación?-

“Soy de las que siempre cantan en la ducha, pero nunca arriba de un escenario. Y esa parte me daba pánico, aunque fue igual de emocionante. El director, Edgar Wright también me apoyó muchísimo y al final nos divertimos mucho. Incluso expandimos varios de los temas del cine, que en cierto punto apenas aparecen por 90 segundos. Y grabamos el resto en el álbum de la banda de sonido, para agregar versiones mucho más largas”.

-¿Y las coreografías?-

“Teníamos un coreógrafo increíble llamado Jen White, que estuvo todo el tiempo con nosotros, porque la coreografía iba más allá de las secuencias de baile. Tenía que sentirse como un sueño, incluso en las escenas donde no bailaba. Todo estaba muy bien coreografiado, como las secuencias del espejo que están siempre en cámara. Fue muy complicado, pero muy divertido. Es lo más ‘cool’ que me tocó hacer”.

-‘Last Night in Soho’ es también el último trabajo de Diana Rigg, después del cáncer que terminó con su vida en plena pandemia y los mejores recuerdos que nos dejó en ‘Avengers’ de los años 60 o incluso ‘Games of Thrones’ ¿Cómo la recuerdas?-

“Y… es difícil verla en el cine ahora por la experiencia emocional de todo lo que pasó, por estar relacionada con el hecho de que Diana no está más con nosotros. Es una de esas situaciones desesperadamente tristes donde sé que no voy a poder almorzar más con ella. Lo único que me queda es saber la suerte que tuve de haberla conocido. Ya hace casi un año que falleció, cuando estábamos a punto de volver a trabajar juntas, porque tenía que terminar su actuación. Y era tan profesional… Cuando nos comentaron la urgencia de filmar con ella, en cierta forma sabíamos lo que significaba y no preguntamos nada. Pero tuve la experiencia hermosa de haber podido terminar nuestro trabajo juntas, con risas. Y eso es lo que me queda. No sé que más decir, más allá de destacar lo afortunada que soy de haberla conocido por la experiencia hermosa de haber trabajado juntas”.

-¿Cómo te llevaste detrás de cámara con Thomasin McKenzie que también se hizo conocida hace muy poco con ‘Jojo Rabbit’?-

“Con ella, sentí desde el primer momento que éramos hermanas. No pasa seguido. Cuando conoces gente con la que vas a trabajar, esperas lo mejor, solo te queda la esperanza de tener cierta química. Pero cuando es algo inmediato… todo se vuelve mucho más fácil. Nos cuidamos mucho entre las dos. Fue una compañera maravillosa, en todo”.

-¿Y qué nos puedes contar de la próxima producción de cine con Alexander Skarsgård sobre la venganza de un príncipe vikingo en ‘The Northman’?-

“Alex es el mejor. Es maravilloso como persona y lo adoro. No puedo pedir nadie mejor como compañero de escenas. Es fabuloso. El vestuario ahí también es muy divertido, porque informa tanto del personaje… salimos muy elegantes en cámara. Es exactamente lo que le falta al ajedrez. Tiene un rey, tiene una reina, pero no tiene un príncipe”.

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Escrito por Redacción

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