La historia de Chrissy Walters es un recordatorio del devastador impacto del cáncer de cuello uterino. Tras años luchando por concebir y seis meses después de dar a luz a su hija, recibió un diagnóstico avanzado a los 39 años. Su experiencia la ha llevado a someterse a más de una década de tratamientos debilitantes, mientras su hija crece con la enfermedad siempre presente en sus vidas.
Sin embargo, la hija de Walters, que ahora tiene 12 años, alcanzará la edad de vacunación en 2026, el mismo año en que Australia aspira a eliminar la enfermedad que ha marcado a su madre. El país se ha propuesto convertirse en la primera nación del mundo en erradicar el cáncer de cuello uterino como problema de salud pública.
Estrategia australiana: vacunación y cribado
El éxito de Australia se basa en un enfoque doble. Uno de los pilares es su Programa Nacional de Inmunización, que ofrece la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) a estudiantes de secundaria. Esta vacuna es crucial, ya que el VPH es la principal causa del cáncer de cuello uterino, el cuarto tipo de cáncer más común entre mujeres a nivel global.
Un gran avance se produjo en 2006, cuando científicos australianos de la Universidad de Queensland desarrollaron Gardasil, la vacuna pionera contra el VPH. Un año después, Australia se convirtió en el primer país en implementar un programa nacional de vacunación, estableciendo un modelo para la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El segundo pilar es un programa de cribado cervical de alto nivel. En 2017, Australia fue uno de los primeros países en adoptar un cribado basado en el VPH, más sensible y que solo requiere pruebas cada cinco años. Además, introdujo la opción de auto-recolección de muestras, una medida “revolucionaria” que ha mejorado el acceso para muchas mujeres.
Avances y desafíos en el camino
El país va por buen camino para cumplir su objetivo de eliminación para 2035, o incluso antes. Desde 1982, las tasas de incidencia y mortalidad se han reducido a la mitad, y en 2021 no se diagnosticaron casos en mujeres menores de 25 años, una señal esperanzadora de que la eliminación es una realidad tangible.
A pesar de estos avances, persisten desafíos importantes. Las tasas de vacunación han mostrado un ligero descenso, especialmente entre las mujeres aborígenes y de las islas del estrecho de Torres, quienes enfrentan mayores barreras de acceso a la atención médica. Esto resulta en tasas de cáncer y mortalidad significativamente más altas en estas comunidades.
La replicación del éxito australiano en países de ingresos bajos y medios se ve obstaculizada por la falta de recursos y los recortes en la ayuda exterior, como la anunciada por el expresidente Donald Trump a Gavi, una alianza que financia vacunas esenciales. Los expertos argumentan que la erradicación es una inversión que ahorra dinero a largo plazo, además de salvar vidas.
Actualmente, hay una “carrera amistosa” global para la eliminación del cáncer de cuello uterino, con países como Suecia, Ruanda y el Reino Unido estableciendo ambiciosos objetivos. La iniciativa de la OMS para erradicar un cáncer es un concepto novedoso y un esfuerzo global sin precedentes que podría cambiar la salud pública mundial.







