Bajo la máscara


Por: Enmascarados Laguna

La semana pasada fuimos a un juego de béisbol. Nunca habíamos asistido como porra a un juego de béisbol fuera del Revolución, así que nos dejamos ir al estadio Monterrey con la ilusión de un primerizo, dispuestos a sumergirnos en la cultura local y a ser eso, una porra para nuestros Algodoneros, ¡Dale guerrero! (Uf, perdón, eso es en el TSM) … ¡¡Dale Laguna!!

Como antecedente: Jugaban los Algodoneros del Unión Laguna y los Sultanes de Monterrey: los de Torreón sin aspiraciones de nada cerrando temporada en Monterrey, ante unos sultanes que buscaban escalar aún posiciones en el standing rumbo a los play off.

En el libro “El miedo escénico y otras hierbas”, Jorge Valdano relata la historia de aquel hincha uruguayo que vendió su casa para poder pagarse el viaje al Mundial de Futbol y ver a su seleccionado sudar la camiseta. Atónito, el ex futbolista del Real Madrid le pregunta si tiene algún plan o sabe dónde va a vivir cuando regrese. Ante el cuestionamiento, el fanático de la “celeste” responde con tranquilidad, que no tiene ni idea, pero al mismo tiempo con el dedo se señala en la sien mientras concluye tajantemente: “Pero lo que estoy viviendo aquí… de la cabeza no me lo va sacar nadie”.

Aquella historia hace pensar en nosotros como aficionados al Laguna, acostumbrados al eterno sufrimiento, cuesta trabajo entender por qué nos desvivimos tanto por nuestro club.

El miércoles 28 tomamos un camión desde temprana hora para viajar a otra ciudad sin importar que sea mitad de semana y tengamos que sacrificar un día de trabajo/salario.

Llegamos a Monterrey para observar los últimos respiros de nuestros Algodoneros en la temporada regular la Liga Mexicana y tuvimos que superar filtros policiacos, quienes tratan de hacernos entender que allá la afición es más apasionada, tanto, como en el futbol.

Alegres y con la misma cara de ilusión que nos acompaña desde Torreón, nos tomábamos fotos y nos organizábamos a las afueras del otrora Estadio Monterrey, lo hacemos (otra vez) creyendo que hoy sí, que la historia por fin nos va recompensar y tendremos algo que festejar.

Ingresamos de a poco al graderío de los fielders y el ambiente en contra mejora, a cada oportunidad, la porra local se burla de nosotros, “¡Buuuuuu buuuuuuu!”, retumba en todo el inmueble, mientras los seguidores guindas nos mirábamos imponentes ante el acoso. Pero

resistimos, ahí se nos vio aferrados a las vallas, que nos dividía el área de asadores donde saltamos, cantamos, gritamos y vitoreamos a nuestros guindas cada instante, del resto del estadio.

Es de resaltar que el estadio de los Sultanes no se llena ni a la mitad. No nos extraña, pues se percibe un ambiente de tranquilidad.

Transcurre el encuentro y tras entradas de tensión, las nubes no soportan más y se desprende una fuerte lluvia para interrumpir algunos minutos el juego, hasta ahí nuestros guindas iban ganando 2 a 1, lo que vino después de reanudado el juego fue lo de siempre, el relevo falló y nuestro cuadro ya no tuvo la capacidad para retener el marcador después de algo así como la sexta entrada.

Pasada la medianoche, abordamos el camión para volver al hotel, todo en alegría y con las luces y música encendidas después de todo, la carne asada, cerveza y convivencia entre amigos, que provocan nuestros Algodoneros, nos daba el ánimo de regresar la noche siguiente a despedir a nuestro equipo, mientras nos alistamos para nuestra próxima cita con el sufrimiento, bien cabe lo que reflexiona Jorge Valdano sobre aquel uruguayo: “Por hinchas como ellos, vale la pena intentar jugar bien”.

El amor sentimental tiene muchas coincidencias. Pueden transitar personas increíbles, devotas y excitantes por nuestra existencia. Gente con garra, o una historia simplemente admirable. Individuos que darían su vida por nosotros, por hacernos felices, por sacrificarse y dar el máximo. Entrenar todos los días y hacer lo que sea necesario pueden provocar simples espectadores o bien, por levantarnos del asiento gracias a que logramos identificarnos con ellos.

Cada vez que llega para quedarse a una ciudad un equipo profesional de béisbol, también comienza una historia de identificación con sus aficionados, los Algodoneros del Unión Laguna nacen hace 79 años y en las tribunas se han podido encontrar a muchos fanáticos que son unos verdaderos personajes con personalidades diferentes, algunos tienen amplios conocimientos de la pelota caliente, otros organizan a la porra de esa sección de las gradas y hacen cosas por impulso, el común denominador es la intención de animar y apoyar al equipo local.

Bajo ese tenor, el día siguiente, jueves 29, fue de gran actividad y emoción para nosotros como porra.

Como porra en este último juego, seguimos en nuestro tenor, dentro del ambiente agradable del imponente Palacio Sultán, no dejamos de apoyar a los nuestros, aunque la rechifla buscaba regresar a la paz que están acostumbrados tener.

Del resultado del último juego de nuestro Laguna ni hablar, para bien o para mal experimentamos una temporada de claroscuros, que de lo que nos sentimos orgullosos es de haber tenido beisbol profesional un año más en nuestra Laguna, aunque haya sido de última hora y lo que una planeación con la temporada por arrancar implica.

Por si fuera poco, a esta experiencia se le suma el haber cumplido un sueño: estar en una cabina de transmisión detrás de un micrófono. Agradecemos la consideración a externar nuestros puntos de vista a la cabina de radio durante varias entradas y la libertad para apoyar y exigir al mismo tiempo.

Hemos de destacar, la conexión entre el equipo y la afición en general, en lo que nos corresponde, reconocemos la vergüenza e impotencia de jugadores como Francisco Ferreiro, Ciro Norzagaray quien, al borde de la desesperación y lágrimas, dieron lo mejor de sí para el equipo y la afición.

Esta conexión, equipo-porra se da quizá porque ellos reflejaron en nosotros un ímpetu y apoyo incondicional que necesitaban ante el adverso panorama de una incertidumbre, de no jugar en la Mexicana de Verano y por qué no decirlo, hasta identificados en el humor de nuestra porra que premia a todos ellos que se ponen la camiseta, con cánticos, porras, caras y máscaras.

¡Gracias Equipo! por darnos alegrías, por darnos esa pasión y regalarnos momentos y experiencias que solo nos da nuestros Algodoneros del Unión Laguna.

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