¿Cómo nace un fan de un equipo de futbol? (Primera parte)


foto Jorge Alberto Mendoza

Por Carlos Pacheco

Llega un momento en la vida de toda persona en este país, en que tiene que, por discernimiento propio, decidir a qué equipo apoyará por el resto de su vida.

A algunos les llega a temprana edad a otros ya entrados en años, pero tarde o temprano todos hemos tomado esa fundamental decisión, y digo fundamental porque una vez tomada ya no hay vuelta atrás, son decretos eternos, muchos pensamos que después de la muerte seguiremos “hinchando” por nuestro equipo desde el más allá.

Hay diferentes razones por los que una persona se decide por tal o cual equipo de futbol, enumerare algunas, a sabiendas, querido lector, de que pueden existir y existen muchas más.

La primera es por conexión familiar: Todos los elementos de un núcleo familiar son fieles a tales colores, por tal razón tú también debes serlo, claro que en este tipo de situaciones nunca falta la “oveja negra” de la casa.

Otro motivo es por regionalismo, al haber nacido o crecido en tal o cual región tú te conviertes casi automáticamente en hincha del equipo de esos lares, sin más.

Otra razón muy frecuente es por empatía a los valores que un club representa, por ejemplo: si soy universitario le voy a ir a un equipo de universitarios, si soy de tal o cual religión le voy a ir a tal o cual equipo de esa misma religión, etcétera.

Cabe aclarar que muchas veces esta decisión es tomada sin reparos, es como enamorarse, de un día para otra ya se encuentra la persona hinchando por un equipo sin saber qué es lo que realmente pasó en el camino, así es.

Después de quedar claros en cuál equipo vamos a alentar, el siguiente paso es conocerlo. En este proceso el aficionado se convierte en un letrado, una enciclopedia balompédica y reconoce todos los logros que su equipo ha conseguido en su historia, así, si alguien de un equipo rival quiere venir a “cuentearlo” de inmediato lo atacará con datos sobre goles anotados, rachas de victorias, campeonatos obtenidos, campeones de goleo, y un largo etcétera. A partir de este momento no hay vuelta atrás.

Después de unos años ese fan se convierte en un ente futboloide, reconoce a prácticamente todo el plantel actual de su equipo, incluso de espalda, los jugadores que vio a lo largo de su crecimiento durante su infancia o adolescencia se transforman en leyendas (por más malos que éstos hayan sido), y sus goles se convierten en hazañas.

A la par de este fenómeno, comienza a empaparse de una extraña necesidad por demostrarle al mundo que es un aficionado a su club, no basta con que él lo sepa, todos tienen que saberlo. Inicia por comprarse el jersey de su equipo, el de local para empezar, pero eso no le basta también adquiere el segundo, el tercero y hasta el del portero, banderas, llaveros, chamarras… todo.

Pero ser aficionado de un equipo no es fácil, porque los aficionados quieren ganar siempre y en el futbol también se pierde, y mucho.

Cuando las derrotas llegan, la infelicidad también, porque en el futbol no puedes decir: ahora que está perdiendo mi equipo voy a irle a este otro que está ganando y después regreso. No, no puedes hacerlo.  El aficionado tiene que tener un grado de masoquista para poder estar con su equipo siempre, “en las buenas y en las malas” y es más que un matrimonio.

Hay algo especial en el fanático del futbol, una especie de lealtad a prueba de todo y otra especie de esperanza, confianza o fe desmedida en que las cosas en algún momento saldrán más o menos bien. Decía el escritor Eduardo Galeano que “en su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”.

En la próxima entrega trataremos de explicar porqué.

Gracias por sus comentarios.

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