Era una mañana tensa en Washington. Mientras los mercados se preparaban para otra semana agitada, el presidente Donald Trump aparecía en Fox News con un mensaje claro: no habrá más tregua. “Enviaré una carta”, dijo, como si se tratara de una invitación, pero era más bien un ultimátum: los países deberán aceptar los aranceles de EE.UU. o perderán su acceso al mayor mercado del planeta.
Una estrategia de confrontación directa
Trump explicó que no es viable negociar con 200 países individualmente. Su plan es simple: definir unilateralmente las tarifas y dejar que el mundo decida si quiere seguir jugando en sus términos. Esta visión refleja su convicción de que el sistema comercial global ha perjudicado a Estados Unidos por décadas.
Desde su regreso al poder el 20 de enero, la Casa Blanca ha impuesto aranceles del 10% a casi todas las importaciones, y aranceles “recíprocos” que oscilan entre 11% y 50% a países con los que mantiene déficits comerciales. Esa política agresiva fue pausada por 90 días… pero el reloj corre y el 9 de julio marca el fin de la tregua.
Los acuerdos que sobrevivieron la tormenta
Durante este breve alto al fuego comercial, Trump logró dos acuerdos clave. El primero, con China, redujo aranceles y facilitó el acceso de empresas estadounidenses a tierras raras y minerales críticos. El segundo, con el Reino Unido, se mantiene bajo cierto hermetismo, pero se percibe como una señal de cooperación transatlántica en medio del aislamiento creciente de EE.UU.
Canadá, el gran perdedor
No todos salieron bien parados. La gran ruptura llegó con Canadá, luego de que Ottawa decidiera mantener un impuesto del 3% sobre los servicios digitales, impactando directamente a gigantes como Google, Amazon y Meta. Trump reaccionó con furia, cortando “todas las conversaciones” de inmediato y declarando que ese impuesto era “un ataque directo”.
La medida canadiense tendrá efecto retroactivo, con una factura de 2 mil millones de dólares para las tecnológicas estadounidenses. Para Trump, esa fue la línea roja.
La reacción global y el temor de los mercados
El tono inflexible de Trump contrasta con declaraciones más moderadas del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien había dejado la puerta abierta a más negociaciones. Sin embargo, la decisión del presidente parece irrevocable.
Los mercados no han tardado en reaccionar. La incertidumbre y el temor a una nueva guerra comercial mundial generan inquietud. Las empresas temen disrupciones, y los consumidores anticipan precios más altos.
Un nuevo orden comercial
Esta nueva etapa marca el retorno de una política comercial nacionalista. Trump quiere aranceles como herramienta de poder, no de negociación. Y lo está dejando claro: quien quiera vender en EE.UU. tendrá que pagar por el privilegio.







