El cambio inicia en nosotros


Por Luis Guillermo Hernández Aranda

Siempre nos quejamos de los políticos pero no entendemos que el cambio comienza en nosotros. Por el ejemplo el domingo fui a HEB a comprar la despensa junto con mi familia. Como alguna vez lo comenté en este mismo espacio mi hijo mayor, Güicho, tiene parálisis cerebral por lo que tenemos placas especiales en la camioneta.

Cuando estaba por terminar de subir los artículos adquiridos a mi vehículo llegó un auto a toda velocidad y se estacionó a mi lado. Del auto descendió una joven que no rebasaba los 30 años y  sin ninguna limitación física, tampoco estaba embarazada, por lo que le dije con tono amable:

-Buenas tardes este es un lugar reservado para discapacitados, déjalo por favor libre y estaciónate en otro lugar.

Su respuesta fue maravillosa.

-Sí, pero no me tardo y no tengo tiempo de buscar un lugar.

Tras decir esto salió corriendo como si estuviera participando en el Maratón Lala. Incluso me dejó con la palabra en la boca porque pensaba solicitarle nuevamente que fuera más solidaria y respetara el espacio para una persona que sí tuviera una necesidad física. Sin embargo esto ya no fue posible.

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Por si fuera poco al lado de donde la joven estacionó su carro había un lugar solo que no estaba reservado para discapacitados. Simplemente quiso ahorrarse unos pasos o no respetar el lugar. La acción evidencia la falta de educación pero sobre todo la ausencia de solidaridad y empatía con el otro.

¿Por qué somos así? Cómo país nunca cambiaremos y no por culpa de los políticos sino por nosotros mismos. ¿Qué tan difícil  es caminar unos cuantos pasos y respetar un lugar reservado para quien sí lo necesita?

De nada servirá la ayuda económica para los discapacitados de parte del gobierno, ni las campañas que fomente la inclusión sino generamos el cambio primero en nosotros. Nos quejamos mucho de los políticos pero bien haríamos en vernos frente al espejo y reconocer nuestras fallas, porque si somos incapaces de respetar un espacio reservado menos seremos capaces de respetar la ley y tampoco de ser solidarios y mejores ciudadanos.

Por desgracia la historia que acabo de contar no se limita a Torreón sino que se repite a lo largo y ancho del país. Seguramente usted en Saltillo ha sido testigo de una escena similar.

El ambiente de exclusión se agrava cuando vemos con tristeza o como un “bicho raro” al niñ@ down o con autismo. Incluso no permitimos que muchos niños convivan con ellos y utilizamos el nombre de cualquier síndrome o padecimiento como insulto.

Me sorprende como en pleno Siglo XXI nos seguimos manifestando como una sociedad excluyente que se limita a poner etiquetas o violentar los derechos de los otros.

México siempre ha sido un país discriminatorio, recordemos cómo históricamente hemos hecho a un lado a los indígenas, pero está en nosotros cambiar esa realidad y construir una sociedad más incluyente. No es tan difícil sólo se requiere un poco de voluntad.

@lharanda

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