24 septiembre, 2026
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El desierto de Atacama florece tras intensas lluvias provocadas por El Niño

Internacional

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El desierto de Atacama, considerado uno de los entornos más áridos del planeta, ha sido testigo de un asombroso florecimiento. Este inusual espectáculo natural es resultado de las abundantes lluvias invernales que azotaron el norte de Chile, provocadas por el fenómeno climático El Niño.

Bajo la superficie arenosa del desierto, millones de semillas y bulbos de aproximadamente 200 especies de plantas permanecen latentes, aguardando las condiciones ideales para germinar. Las recientes precipitaciones han activado esta vida oculta, transformando vastas extensiones en vibrantes tapices de colores, destacando especies como los suspiros blancos y las patas de guanaco, que tiñen el paisaje de un intenso violeta.

Impacto de El Niño y la magnitud del fenómeno

Las precipitaciones registradas este invierno austral superaron los 180 milímetros en algunas áreas, cifras históricamente elevadas para la región. Según César Pizarro de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) en Atacama, esta cantidad de agua ha penetrado más profundamente en el suelo, revitalizando una mayor cantidad de vida dentro de este parque natural, situado a unos 800 kilómetros al norte de Santiago.

Se proyecta que este evento, conocido popularmente como “desierto florido”, alcanzará su punto máximo de esplendor en octubre, cubriendo una impresionante extensión de alrededor de 15,000 hectáreas. Este florecimiento es considerado uno de los más significativos de la historia reciente, demostrando cómo El Niño, a pesar de las preocupaciones por sus impactos negativos, también puede catalizar ciclos de vida extraordinarios.

El fenómeno El Niño, una variación natural del clima que ocurre cada dos a siete años, eleva las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial, alterando patrones globales de vientos y lluvias. Si bien en julio de este año las lluvias torrenciales causaron 13 muertes y graves daños a unas 4,000 viviendas en Chile, también fueron el catalizador de este milagro de la naturaleza.

Un ecosistema que despierta

El “desierto florido” es mucho más que una simple exhibición de plantas. Es un complejo ecosistema que cobra vida, involucrando a insectos como abejas polinizadoras, caracoles, diversas aves, reptiles y pequeños mamíferos. Los escarabajos, por ejemplo, contribuyen a la fertilidad del suelo al alimentarse de los restos vegetales y enriquecerlo con sus excrementos para futuras floraciones.

Ante la previsible afluencia de miles de turistas deseosos de presenciar este espectáculo, las autoridades, a través de la Conaf, hacen un llamado a la conservación. Se pide a los visitantes respetar los senderos señalizados, evitar pisar las delicadas plantas y abstenerse de llevar mascotas, para proteger la frágil fauna local de posibles enfermedades. Este evento es un verdadero orgullo nacional, reconocido por la singularidad de su extensión territorial y la diversidad de especies que lo componen.