El monstruo de las mil cabezas


Por: Edson Ariel Contreras

En estos días ha sido tema de debate en diversos escenarios (noticieros, prensa, redes sociales y charlas en persona) la tragedia ocurrida en el Colegio Cervantes, en la cual un niño de once años mató a disparos a su maestra, hirió a un maestro más y a otros niños,  para finalmente suicidarse. Hecho inédito en la historia de la Comarca Lagunera y que sacudió la conciencia del imaginario colectivo de manera tal que no existe ni cercanamente un consenso en relación a la manera en que debiera atacarse este tipo de casos. Hasta cierto punto lo anterior es comprensible, ya que jamás nadie imaginó que un caso de este tipo pudiera presentarse en una región cuya población históricamente se ha ufanado de lo tranquila que es la vida en la misma, aunque la realidad ha cambiado de manera drástica en la última década, guste o no.

Durante el fin de semana, recordemos que los hechos tuvieron lugar el viernes 10 de enero, hubo dos preguntas que al margen de todo lo que se dijo me tuvieron cavilando, ¿de dónde obtuvo las armas el chico? y ¿qué lo llevó a cometer tan terrible acto? Bien, la primera pregunta ya tuvo respuesta este lunes 13 de enero, las autoridades informaron que al menos una de ellas pertenecía a su abuelo, con quien el menor vivía, y que no existía permiso alguno para la posesión de la misma. La segunda pregunta me parece será más complicada de contestar, ya que ante la imposibilidad de hablar con el niño sólo se podrá delinear un perfil psicológico con base a lo que de él diga su familia, maestros, amigos y demás personas que lo conocieron, y es aquí donde se da el punto de inflexión en el debate que se comenta en las primeras líneas, ya que uno de los errores más proclives es el de caer en la generalización, en querer meter todos los casos de violencia relacionado a niños y jóvenes en un mismo costal y además revolverlos, y entre los lugares comunes más mencionados son responsabilizar a los padres por ser divorciados (si bien  es cierto que cada vez es más común que las parejas se separen y los hijos resulten afectados con ello, no hay datos, estudios o cifras que indiquen que un niño en esas circunstancias será proclive a cometer un crimen), ya que el núcleo tradicional no existe, se sugiere también que los videojuegos pueden ser una gran influencia negativa y que los mismos invitan a quienes los usan a asumir actitudes violentas ante su entorno, sin embargo es importante recordar que los videojuegos más violentos vienen de Japón, y la problemática de la violencia a nivel escolar es algo de lo que no se tiene registro en aquel país, por lo tanto parece que sería necesario voltear hacia otra parte para responsabilizar a algo o alguien.

Sin pretender hacer un señalamiento directo, casos como éste parecen atender a diversas causas, y en cada uno de ellos no necesariamente aplican las mismas, sin embargo es importante apuntar algunas cuestiones que deberán hacernos reflexionar como sociedad y de las cuales todos en cierta manera somos responsables, y a continuación menciono algunas de ellas:

-La normalización de la violencia: no sólo en los videojuegos, el cine y las series de televisión (en donde por cierto en ésta última suele hacerse apología de personajes cuyo perfil es deleznable y se les presenta como estrellas de rock, creando un concepto erróneo de un estilo de vida que debería evitarse a toda costa), en donde es ficticia, sino en la vida real, en el día a día, nuestro país vive una crisis de seguridad que nos hace enterarnos un día sí y otro también de robos, asaltos, asesinatos, secuestros, atentados, y vemos pasmados la impunidad rampante, el absoluto vacío en la aplicación de la ley, y que el estado de derecho es un concepto meramente abstracto que pocos entienden. Piense usted en lo descorazonador que debe ser para un joven saber que eso es lo que deberá enfrentarse un día al ser adulto, por ello nada debe sorprender la apatía que muchos de ellos muestran hacia todo lo que tiene que ver con su medio ambiente.

-Las redes sociales, la facilidad con la que corre la información (y la desinformación), la viralización de misma, la forma tan irresponsable en que se comparten videos e imágenes que sólo invitan al morbo y sobre todo el discurso de odio, de segregación, de burla y hasta de menosprecio con el que se tocan temas tan delicados como el que aquí nos atañe. No existe legislación sobre el uso responsable de las redes y cualquiera puede diseminar chismes, rumores, verdades a medias, y cuando todo ello llega a personas que no tienen la capacidad de discernir entre lo real y lo falso, entre lo fidedigno y lo tendencioso, se crea una gran confusión en la sociedad civil.

Luego del triste evento del Colegio Cervantes y enterarnos que el chico que cometió el crimen iba vestido a manera de imitar a uno de los muchachos que cometió la matanza de la preparatoria Columbine en Denver, Colorado, en 1999 (en la que murieron trece personas y 24 más resultaron heridas), y a falta de que las pesquisas den más luz al respecto, cabe mencionar que es más que deseable que los padres encuentren la manera de hablar con sus hijos sobre lo que ven en internet, ya que es impresionante darse cuenta a todo lo que se exponen y que a edad joven son muy proclives de ser fácilmente influenciados.

-Finalmente es más que obligado que el gobierno deje de lado las soluciones paliativas y simplonas como la mochila segura, que no busque chivos expiatorios en los videojuegos y las familias separadas, pero conociendo la manera en que hacen las cosas parece que las propuestas tendrán que surgir de la sociedad civil.

P.D. (Vea el documental “Bowling for Columbine” (2002), del cineasta Michael Moore, que si bien aplica para el contexto estadounidense, bien podrá abrir el abanico de opciones para reflexionar sobre lo que sucedió en La Laguna en días pasados)

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