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El otro Qatar

Por Luis Guillermo Hernández Aranda

Jorge Valdano, ex futbolista y campeón mundial con Argentina en México 86 y también conocido como el filósofo del futbol, dice:

“Nadie puede afirmar que un balón haga mejor a un hombre, pero sí puede explicarnos mucho de él. Por ejemplo, no se puede ganar a cualquier precio. Es así de sencillo”.

Y es que el encanto del futbol radica en que a diferencia de otros deportes no se necesita nada más que una pelota. En la calle dos piedras pueden funcionar como porterías y cualquiera sin importar su físico puede emular las hazañas de sus héroes. Cualquier espacio puede ser convertido en cancha y desde ahí vivir la pasión que despierta el anotar un gol.

Ese principio tan democrático del juego donde incluso las apariencias engañan porque el más débil le puede ganar a un campeón mundial, ahí está Arabia y Japón que vencieron a Argentina y Alemania, se pierde fuera de la cancha.

Y es que, si el futbol había perdido mucho de su espíritu deportivo por el gran derroche de recursos económico, en función de patrocinios, venta de derechos a las televisoras y construcción de estadios. En Qatar se llegó al extremo porque gracias a la corrupción se lleva a cabo un mundial en una lejana tierra donde todos los días se violan los derechos humanos y la mujer es un ser invisible.

Como en ningún otro mundial ya hemos visto a selecciones manifestarse y fijar posturas políticas en apenas cuatro días de competencia. Primero los jugadores de la selección de Irán no cantaron el himno de su país en señal de protesta por la situación de represión que se vive en el país y el reciente asesinato de Mahsa Amini. La joven de 22 años que en septiembre fue detenida y maltratada por la policía por no respetar el código de vestimenta iraní al no llevar bien puesto el velo.

Un día después los jugadores de Alemania se cubrieron la boca al momento de la foto grupal en protesta por no poder utilizar el brazalete “One Love” con los colores del arco iris.

Es importante recordar que los capitanes de varios equipos europeos tenían previsto llevar el brazalete durante los partidos, con el propósito de promover la diversidad, la inclusión y los derechos sociales del colectivo LGBTI+ (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transgénero e Intersexo). Sin embargo, dieron marcha atrás ante la amenaza de penalizaciones lanzadas por la FIFA. En Qatar la homosexualidad se castiga con prisión.

Hoy más que nunca la hipocresía de la FIFA queda de manifiesto. Castiga cánticos, pero amenaza a selecciones y realiza el Mundial en un lugar donde se va en contra de los valores que promueve el deporte.

El escritor Albert Camus decía que todo lo sabía de lo moral se lo debía al futbol, y hoy el juego del hombre nos vuelve a demostrar que su espíritu deportivo no está ajeno de la conciencia política. Los jugadores son ajenos a la corrupción de los hombres de pantalón largo porque como dijo Maradona: “la pelota no se mancha”.

@lharanda

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Escrito por Redacción

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