El papa León XIV cerró este viernes su primera e histórica visita apostólica de siete días a España, un evento que generó un éxito rotundo, un considerable impacto mediático y una notable proyección internacional. El Pontífice fue despedido por el rey Felipe VI en la Isla de Santa Cruz de Tenerife, Archipiélago Canario, antes de su partida a Roma.
La conclusión de la visita no estuvo exenta de un incidente inesperado: una incidencia técnica en el avión papal obligó al Santo Padre a regresar en el Falcón real, una cortesía ofrecida por el propio monarca español. Este detalle añadió un toque único al desenlace de su gira.
Durante su recorrido por Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, del 6 al 12 de junio, el Papa León XIV participó en 22 actos de diversas índoles, desde encuentros multitudinarios y celebraciones litúrgicas hasta eventos institucionales y de carácter social. En su última jornada, visitó el “Centro Raíces” de migrantes y la Plaza del Cristo de La Laguna.
En su concurrida homilía final en el Puerto de Santa Cruz, el Papa hizo un enérgico llamado a construir un mundo sin muros y exhortó a las mafias a cesar el tráfico de personas migrantes. “Deténganse, conviértanse”, clamó el Obispo de Roma, invitándolos a reflexionar sobre el profundo sufrimiento que provocan al lucrarse con la desesperación ajena.
Entre los momentos más memorables de la visita se cuenta el primer discurso de un Pontífice en el Congreso de los Diputados en Madrid, donde abogó firmemente por la dignidad humana y se posicionó contra la polarización. Este hecho marcó un precedente histórico en las relaciones entre la Iglesia y el Estado español.
En Barcelona, la bendición de la imponente Torre de Jesucristo en la Basílica de la Sagrada Familia significó la inauguración oficial del templo más alto del mundo, con sus dieciocho torres ya completas. Este acto atrajo la atención global y consolidó la Sagrada Familia como un símbolo de fe y arquitectura.
También resultaron inolvidables sus “baños de masas” al recorrer las ciudades en el papamóvil, así como las vibrantes vigilias juveniles, que combinaron liturgia y espectáculo en estadios emblemáticos como el Santiago Bernabéu en Madrid y el Olímpico de Barcelona.
El sucesor de San Pedro deja un legado significativo para España, centrado en la unidad frente a la división, la solidaridad con los migrantes y la ayuda a los más vulnerables. Su mensaje final, “Alzar la mirada”, enfatizó la importancia de la misericordia como fuente de salvación para la humanidad, despidiéndose con un profundo agradecimiento por el afecto y los testimonios de fe recibidos.







