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El peso justo de la fotografía

Por: Rafael G. Vargas Pasaye

Las personalidades de la política mundial así como la nacional y local llegan a tener buenas intervenciones en público, algunas frases que alcanzan los titulares noticiosos, cierta entrevista que es comentada o compartida, pero en una sociedad como la actual, lo que más penetra es la imagen, por ejemplo una buena o mala fotografía.

Ya nos había advertido Giovanni Sartori la importancia de la imagen en su imprescindible Homo Videns (1997), pero quizá no sabíamos hasta qué punto el lenguaje visual nos haría su presa, ganando el atajo para la generación de emociones. Alfonso Nieto, exrector de la Universidad de Navarra en una clase del lejano 2006 advirtió que no perdiéramos de vista los teléfonos inteligentes pues allí almacenaríamos buena parte de nuestra vida, y vaya que tenía razón el autor de La prensa gratuita (1984).

En una dinámica donde los medios de comunicación conviven tanto en el mundo real como en el virtual, las imágenes cobran una relevancia mayor, no en balde dos de las estrellas de la política contemporánea cuentan con excelentes fotógrafos. Me refiero a Pete Souza, el artista de la lente de Barack Obama, y Adam Scotti, quien hace que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau impacte a nivel mundial.

De Souza, un historiador con cámara, recientemente apareció su libro Shade, y el documental The way i see it; por su parte Scotti, está en plena campaña electoral con el Partido Liberal, de tal forma que esperemos comparta en sus redes sociales, así como en las del primer ministro de Canadá su trabajo casi en tiempo real.

La labor de ambos artistas de la lente, y de los fotógrafos en general con este tipo de trabajos, es la de narrar de forma visual el acontecer de las actividades que realizan para quienes colaboran, al mismo tiempo de humanizar el trabajo que realizan.

No es tanto ya hacerlos perfectos o perfectas, con la belleza siempre intacta, cultos o refinadas, sino simplemente humanos, empáticas, alcanzables, pero a su vez, inspiradores e idealizables, de fácil recordación, pero siempre lo mejor posible. Complicado resulta por ejemplo encontrar fotos donde alguno de los dos personajes señalados con antelación se viese en mala pose, también es porque la cantidad juega a su favor, esto es, hay muchas muy buenas fotos viajando en la red de redes que ante una simple búsqueda, aparecerán varias opciones de calidad.

En esa misma medida, es por lo que las malas fotos también molestan tanto, porque con la dinámica comentada, esas desafortunadas imágenes se vuelven virales, pero ello (lo positivo y negativo) también en un porcentaje quizá menor, se debe al tipo de emociones que cause la persona involucrada, esto es si su calidad moral está blindada, si ha realizado un trabajo intachable, si la mayoría de las gráficas públicas que se pueden hallar de él o de ella son positivas, entonces el daño no será mayor.

Pero por el contrario, si a la imagen desafortunada, donde aparece con mala pose, haciendo desfiguros, dormido en horas de trabajo, o algo similar, y no cuenta con una red de protección, una opinión pública en términos de Habermas, favorable, entonces el daño quizá será mayor, pues a la imagen se le suma el grado de verosimilitud que le otorga el personaje.

President Barack Obama works at the Resolute Desk in the Oval Office, Oct. 14, 2016. (Official White House Photo by Pete Souza)

Hoy en día no está de más recordar que internet constituye una potente herramienta, por lo expansivo que representa, por la inmediatez que la caracteriza, por la inversión que significa. Sin embargo, esto debe hacer pensar a la clase política que si bien un teléfono inteligente puede contar con más cámaras que otras funciones, la magia de la imagen que capte no radica en la herramienta sino en la destreza, el sentir y el sentido de oportunidad de quien levante la gráfica, y por supuesto, en la intención, en la estrategia general previamente establecida.

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Porque la inspiración es de mucha ayuda, pero la estrategia es el camino que se debe seguir. Una imagen memorable y de la que hablaremos por años sí puede haber sido captada por una combinación de factores incluyendo la suerte o la buena fortuna, pero la inmensa mayoría de veces provino de un trabajo planeado y de una disciplina seguida.

La fotografía responde así a una clara necesidad de comunicar algo, en un momento donde como señala Niklas Luhmann, lo único que no se puede comunicar es lo que no existe, por lo tanto todo comunica. Y por eso mismo hay que prestar especial atención a lo que se comunica visualmente en el acontecer diario tanto de personas, personajes, instituciones, y por supuesto gobiernos.

@rvargaspasaye

www.consentidocomun.mx

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Escrito por Redacción

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