El Príncipe, y si no hay escándalo entonces no sirve…


Por: Edson Ariel Contreras

En días recientes todo (sí, tooodo) México ha estado en vilo con una noticia: la muerte de José José y el cúmulo de información y desinformación que se ha generado al respecto, no hay quien no dé su opinión sobre cómo debieron hacerse las cosas luego de que el más famoso intérprete de balada romántica perdiera la vida en condiciones que al día de hoy continúan sin ser claras y que seguramente seguirá siendo (para beneplácito de los programas de chismes de la farándula y el siempre tan peleado rating) tema de discusión por tiempo prolongado, y es que como dicen en inglés para referirse a éste tipo de cuestiones, “if it bleeds it leads” (si hay sangre la gente lo verá, palabras más, palabras menos); pero más que seguir en la misma corriente de opiniones lo que deseo es orientar el presente artículo hacia una cuestión que parece repetirse una y otra vez cada que un famoso pasa a mejor vida, sobre todo famosos de alto nivel, como lo fue el Príncipe de la Canción.

Siendo niño, a mediados de la década de los 80s, uno de los rumores más populares y esparcidos era que Pedro Infante seguía con vida, se comentaba que el cantante (harto de la fama y la pérdida de privacidad) había resuelto fingir su muerte en 1957 a los 40 años, y que desde entonces había pasado a vivir en el anonimato; sin embargo había personas que daban testimonio de haberlo visto en diversas partes del país, incluso un hombre decía ser el mismísimo Pedro Infante. Ciertamente en esos años Infante aun pudo haber vivido, nació en 1917 y hacia 1985 hubiera tenido 68 años, pero jamás se pudo comprobar la veracidad de aquel rumor y con el pasar de los años se fue disipando, pero la frase “Pedro Infante vive… en el corazón de los mexicanos” se acuñó y se sigue utilizando en el presente. ¿Hubo escándalo luego de la muerte de Pedro? Sí, sus hijos y sus mujeres (el hombre era bastante mujeriego) se pelearon la herencia por años, hasta que supongo que se acabaron todo el dinero, por ahí surgieron algunos supuestos hijos, pero el tiempo hizo su trabajo y el tema dejó de ser comidilla de la gente y de los medios de comunicación.

Otros famosos no tuvieron suerte diferente luego de su fallecimiento, es sabido que Jorge Negrete no hizo testamento y que su viuda, María Félix, peleó a muerte cada centavo de la herencia del charro cantor con la familia de éste, incluso hay similitud entre lo sucedido con José José, ya que ambos perecieron en Estados Unidos, la viuda y la familia se trenzaron en un duelo por decidir qué hacer con el cuerpo, y también el presidente tuvo que intervenir al

enviar un avión de las fuerzas armadas para repatriar el cuerpo (o sea que López no inventó el hilo negro con lo que acaba de hacer). Otro rumor que se expandió por años era que el cuerpo de Negrete lo trajeron a México sin que las autoridades estadounidenses supieran que había fallecido (cosa que hoy se sabe que fue falsa), y ello llevó a que aquella parte de la canción “México lindo y querido” en la que dice “si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí” fue escrita especialmente para él porque sabía que pronto iba a morir (recordemos que tenía un cáncer avanzado) y deseaba ser velado y enterrado en territorio nacional. Demasiado drama, ¿no le parece?

¿Quiere más? Pues lo hay y de sobra. En 1993 Mario Moreno “Cantinflas” muere a los 82 años y al poco tiempo se desató una terrible y muy triste pelea entre su hijo adoptivo y uno de sus sobrinos por los derechos de las películas del mimo, que en el presente siguen valiendo millones y millones; pleitos legales, interminables entrevistas en todo programa que les diera la oportunidad de hablar y con ello convencer al público de que cada uno de ellos era bueno y tenía la razón. El asunto se resolvió a favor del hijo de Cantinflas, pero posteriormente el hombre tuvo serios problemas de drogas, se divorció y uno de sus hijos se suicidó, a fin de cuentas Mario Moreno Ivanova también perdió la vida por problemas de salud derivados de sus adicciones.

El caso más reciente usted debe conocerlo bien porque es aún reciente, es el de Alberto Aguilera Valadez, mejor conocido en toda América Latina como Juan Gabriel, el Divo de Juárez, quien de forma repentina perdió la vida a finales del 2016. Una de mis primeras memorias musicales fue escuchar a JuanGa cantar El Noa Noa y a José José con Ya lo pasado pasado, y el caso del primero su vida privada fue motivo de chismes, bromas, artículos de revistas amarillistas, mesas de debate en los programas del corazón y más aberraciones del tipo, la primera vez que escuché epítetos como “joto” o “marica” eran de personas que se referían a Juan Gabriel. Es más que curioso que siendo México un país tan profundamente machista, sexista y discriminador de los homosexuales, tenga como una de sus máximas figuras de la música a alguien que si bien jamás aceptó abiertamente tener dicha orientación sexual, siempre dejó abierta la puerta a que las especulaciones siguieran presentes (la doble moral siempre levanta la mano). Siempre será recordada aquella frase que dijo cuándo un reportero le preguntó al respecto: “lo que se ve no se pregunta”.

Todavía hace unos meses había quien afirmaba que el divo seguía vivo pero descansado en un lugar no especificado, que murió fuertemente endeudado y que sus hijos y familia se peleaban lo poco que dejó, o bien lo contrario, que era tan cuantiosa su fortuna que hasta hijos no reconocidos deseaban una rebanada del jugoso pastel, y la historia todavía tiene tela para seguir cortando.

Lo que a fin de cuentas logramos ver como factor común en estos casos (los hay más pero el especio no alcanza) es una propensión cuasi genética de nuestra sociedad al conflicto, a el escándalo, a la crítica descarnada (la hija más joven de José José está apestada por la opinión pública y dudo que quiera poner un pie en México en mucho tiempo) y al mismo tiempo a la admiración, la auto compasión y a una veneración que termina por perdonar todos los pecados que el famoso fallecido hubiese cometido. Esta historia continuará…

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