El Sábado Negro nació en Viernes 13 y fue hace exactamente 50 años


Por: Daniel Salinas Basave

Asumo que era un día lúgubre y lluvioso en Birmingham. Imagina las sombras y el hollín de las fundidoras acereras, ahí donde fueron rebanadas las yemas de los dedos de un obrero llamado Anthony Frank Iommi.

Imagina las puntas de metal que le sirvieron como prótesis, rasgando la Gibson hasta dar con la densidad de ese riff en tritono.

Hoy, hace medio siglo, el mundo escuchó por vez primera esa siniestra progresión armónica que deriva en una quinta disminuida a la que llaman Diabolus in Música.

Escuchamos la lluvia, las campanadas de la iglesia y después la voz de Ozzy pregunta: ¿Qué es eso que está parado frente a mí? Una figura de negro señalándome.

Pues bien, después de la aparición de esa negra figura cruzamos un umbral y nada absolutamente volvió a ser igual en la historia de eso que llaman rock.

En nuestra rockola neuronal se quedó a vivir la armónica blusera de Wizard y el galopante bajo de Geezer abriendo Nativity in Black.

Claro, habrá quien diga que otros llegaron antes de ellos: Blue Cheer, Coven, MC5. Habrá ortodoxos señalando que el Heavy Metal nació como tal (también en Birmingham) con el Sad Wings of Destiny de Judas. Es igual. La oscura matriz de la que amamanta absolutamente todo el rock pesado se llama Black Sabbath y su disco fundacional irrumpió el 13 de febrero de 1970.

Fue entonces cuando el poder de las flores hipitecas fue usurpado por la oscuridad. Mi nombre es Lucifer, por favor toma mi mano. Podrás decir misa, pero si lo tuyo es el rock duro en cualquiera de sus acepciones y deformaciones, entonces le debes muchísimo a este álbum.

¿Quién fecundó la sónica semilla que definió el soundtrack de mi existencia? ¿De quién carajos fue la culpa? Fueron las plateadas cruces de Black Sabbath y su resplandor. Medio siglo ha transcurrido y mira esas flamas… ¡llegan más alto y más alto!

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