Escuela en casa


En el tintero 

Por Jessica Rosales

Ante el escepticismo y la incertidumbre que se tenía en Coahuila hace dos semanas sobre el desarrollo del Covid-19, en ese momento en esta entidad, se decidió que la suspensión de clases aplicaría a partir del 20 de marzo. 

El gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís instruyó que esa semana fuera de preparación para que docentes y padres de familia decidieran las mejores estrategias digitales y de comunicación para el trabajo en casa, por lo que hubo algunos que dejaron para último momento la planeación.

Sin embargo, luego de que la Organización Mundial de la Salud declaró la situación como una pandemia debido a que el virus se expandía rápidamente en otros países, los gobiernos estatales se vieron obligados a adelantar dicha suspensión, por lo que el miércoles 18 por la tarde se anunció la medida.

Es así que al siguiente día, algunas escuelas ya estaban prácticamente cerradas y otras por petición de padres de familia tuvieron que abrir para que los estudiantes pudieran tener a la mano sus libros y material pedagógico, aunque no todos los padres tuvieron esa oportunidad, ya que algunos maestros que no previeron la situación limitaron sus horarios y los papás que estaban en el trabajo, no pudieron llegar.

Hay que decir que algunos docentes comprometidos y de gran vocación, desde el primer momento planearon sus estrategias y han mantenido constante comunicación con los alumnos y padres de familia para que avancen en los contenidos, lo cual hay que destacarlo y reconocerlo.

Pero hay otros que literalmente intentaron tomarse estas tres semanas de Escuela en Casa como vacaciones, negándose además a establecer comunicación directa con los padres de familia para orientarlos en las actividades con los hijos.

Hay que decir que los papás tienen que dar el acompañamiento a los estudiantes, pero no son docentes ni especialistas en educación, por lo cual se requiere el trabajo del o la docente para que se cumpla el objetivo.

Es importante mencionar que los maestros son un grupo de los pocos que sin estar físicamente en las aulas, recibirán su salario completo, por lo cual, si así se solicita, es su obligación estar al pendiente de los avances de los estudiantes al menos durante el horario por el cual siguen recibiendo su salario.

Hay un caso que puntualmente se reportó a la Secretaría de una docente que no hizo ninguna previsión, y se negó por semana y media a entrar en comunicación con los padres de familia ante diversas dudas de los propios estudiantes.

Prometió entregar un cuadernillo que revisaría dentro de un mes, así lo dijo, regresando de vacaciones. Sin embargo, no contaba con que la Secretaría de Educación estaría vigilando las actividades y solicitando evaluaciones, por lo que finalmente accedió después de casi dos semanas a establecer contacto directo con los niños a través del grupo de WhatsApp de los padres de familia.

Desafortunadamente no lo hizo para apoyar el desarrollo de los estudiantes, sino que para no verse afectada y evidenciada, solicitó un reporte diario de lectura y una foto de los niños viendo los contenidos educativos diariamente en el canal Once, porque así se lo estaban solicitando sin verificar qué es lo que estaban aprendiendo.

Lo anterior, porque nunca preparó el cuadernillo del que habló, intentaba pedir la contestación de una guía, cuyos contenidos no enseñó, y finalmente la foto del niño viendo la TV, la sacaría de apuros, ¿Y el avance de los niños?

Bien por la Secretaría de Educación, pero al final de esta contingencia debería solicitar una evaluación con los Padres de Familia de cada escuela, por salón, para verificar el desempeño de sus docentes para reconocer a quienes hicieron adecuadamente su labor y llamarle la atención a quienes se aprovecharon de la situación.

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