31 mayo, 2026
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Estudio confirma que decir groserías es bueno para la salud

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¿Alguna vez te has golpeado el dedo pequeño del pie y soltado una grosería al instante? Si sentiste un alivio inmediato, no fue coincidencia. Durante años, decir malas palabras ha sido considerado un hábito de mala educación o de vocabulario limitado. Sin embargo, estudios recientes sugieren todo lo contrario: decir groserías puede ser bueno para tu salud física y mental, e incluso una señal de inteligencia.

Aquí te explicamos por qué la ciencia respalda ese “desahogo” verbal.

El “Efecto Analgésico”: Maldecir alivia el dolor físico

Uno de los hallazgos más sorprendentes, respaldado por investigaciones de la Universidad de Keele en Reino Unido, es que decir groserías aumenta la tolerancia al dolor. En experimentos donde los participantes sumergían las manos en agua helada, aquellos que repetían una grosería lograban mantener la mano sumergida por más tiempo y reportaban menos dolor que aquellos que usaban palabras neutrales.

¿Por qué sucede? Se cree que maldecir activa la respuesta de “lucha o huida” (fight or flight) del cuerpo, lo que provoca un aumento de adrenalina y un efecto analgésico natural. Para que funcione, no debes abusar de ellas. El efecto analgésico disminuye si dices groserías todo el día; resérvalas para cuando realmente te duela.

Un signo de inteligencia y fluidez verbal

Contrario al mito popular de que la gente que dice groserías tiene un vocabulario pobre estudios citados por CNN indican que existe una correlación positiva entre la fluidez de palabrotas y la fluidez verbal general.

“Las personas que son capaces de nombrar más groserías en un minuto también tienden a tener un vocabulario más amplio en otras áreas”.

Esto sugiere que el uso de lenguaje soez no es un recurso por falta de palabras, sino una característica de un lenguaje retórico robusto y bien desarrollado.

Beneficios emocionales y sociales

Decir una grosería en el momento justo hace más que aliviar un golpe físico; también cumple funciones sociales y psicológicas vitales:

Honestidad y Autenticidad: Las personas que maldicen a menudo son percibidas como más honestas y menos propensas a “filtrar” lo que piensan, lo que genera confianza en ciertos contextos sociales.
Catarsis Emocional: Funciona como una válvula de escape para la frustración y la ira, permitiéndonos procesar emociones negativas sin recurrir a la violencia física.
Vínculos Sociales: En ambientes de trabajo o grupos de amigos, el uso compartido de cierta jerga o groserías puede fortalecer la camaradería y el sentido de pertenencia.

Mejora tu rendimiento en el gimnasio

Si alguna vez has escuchado a alguien soltar una mala palabra mientras levanta una pesa pesada, hay una razón científica detrás. Estudios han demostrado que decir groserías durante el ejercicio físico intenso puede aumentar la fuerza y la potencia. Al igual que con el dolor, esto se relaciona con la desinhibición y la activación del sistema nervioso simpático, permitiéndote dar ese “extra” en tu entrenamiento.

La ciencia es clara: decir groserías es una herramienta poderosa para el manejo del dolor, la expresión emocional y la vinculación social. Sin embargo, la clave está en el contexto. Si bien maldecir tiene beneficios fisiológicos y puede ser signo de agilidad mental, su uso excesivo puede diluir su poder analgésico y causar problemas sociales, así que aguas con dónde y cómo las dices.