La comunidad médica y las autoridades de salud pública están en alerta tras recientes infecciones por hantavirus a bordo del crucero MV Hondius. Hasta la fecha, al menos 11 pasajeros han dado positivo a la cepa andina del virus y lamentablemente se han registrado tres fallecimientos.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha señalado que nos encontramos “en la primera etapa del brote”. Esto implica que no se descartan más contagios en las próximas semanas, dado que el periodo de incubación de la enfermedad puede extenderse hasta ocho semanas.
La singularidad de la cepa de los Andes
A diferencia de otras variantes, la cepa andina del hantavirus es la única conocida capaz de transmitirse de persona a persona. Este patógeno es zoonótico, es decir, su transmisión suele ocurrir de animales (principalmente roedores) a humanos a través de la inhalación de partículas de orina o excrementos contaminados.
Históricamente, la transmisión entre individuos requería un contacto muy estrecho y prolongado, como compartir espacios íntimos o estar a menos de dos metros de una persona infectada por más de 15 minutos. La enfermedad puede desencadenar el Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus (SCPH), una afección respiratoria grave con una letalidad de hasta el 50%.
¿Por qué se propagó en un crucero?
La propagación del hantavirus en un crucero de lujo representa un evento inusual. Expertos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) explican que el ambiente confinado de la embarcación fue un factor clave, reuniendo a personas en espacios reducidos y propiciando un contacto continuo.
Aunque se observaron contagios sin la exposición prolongada que se consideraba necesaria, no hay evidencia científica que sugiera una mutación del virus que lo haga más infeccioso. El hantavirus se aloja profundamente en los pulmones, lo que limita su capacidad de propagación por tos o estornudos habituales, a diferencia de otros virus respiratorios como el COVID-19.
Perspectivas del brote y desafíos de investigación
Las autoridades sanitarias enfatizan que aún hay mucho por comprender. La larga duración del periodo de incubación del virus mantiene la incertidumbre sobre la aparición de nuevos casos. Por el momento, no existen pruebas documentadas de que una persona asintomática pueda transmitir el virus.
No obstante, los epidemiólogos continúan investigando la posibilidad de contagios “silenciosos” en los que los individuos desarrollen anticuerpos sin presentar la enfermedad grave, lo que representa un desafío para la detección temprana y el control de la propagación.







