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Por Eduardo J. De La Peña

Este asunto de los “Pandora Papers” es de esos temas en que es preciso manejarlos con pinzas y tratar de diseccionarlos para intentar entenderlos en lo que realmente representan e implican, pues de lo contrario se convierten en uno más de esos escopetazos que salpican a muchos, manchan famas públicas, sirven para el escándalo, y al final no aportan nada.

En un tema de esta magnitud, que implica la filtración de cerca de doce millones de documentos en los que se expone cómo algunas de las personas e instituciones más poderosas del mundo, entre ellos 330 políticos de 90 países, manejan sus fortunas con inversiones en paraísos fiscales, es complejo dilucidar en qué incurrió cada uno, y lo más sencillo es colgar a todos la etiqueta de corruptos y ponerlos bajo sospecha.

Cuando menos en nuestro país, en la circunstancia actual algo así es peligroso, pues bien se sabe que el Presidente en su visión maniquea es capaz de cualquier exceso si cree que iniciar una persecución le sirve en su falsa cruzada contra la corrupción.

El trabajo periodístico que develó los “Pandora Papers” señala marcadamente el uso de las compañías offshore por parte de los millonarios del mundo implicados en la investigación, y en el imaginario colectivo no es difícil asociar eso con conductas ilícitas o delictivas, cuando no necesariamente lo son.

Claro que también hay grupos delictivos, carteles de la droga y otros, que recurren a estas estrategias, pero no todos los que invierten en paraísos fiscales obtuvieron de manera ilícita los recursos.

Las compañías offshore no tienen una actividad real en los países en que están registradas, no necesitan oficinas ni empleados, y están ahí para aprovechar los beneficios fiscales. Muchos millonarios en el mundo recurren a ellas ya sea por temor a las condiciones de inseguridad, o a la inestabilidad económica o política en sus países.

Se vuelven ilegales cuando no se tributa por los beneficios obtenidos. Al menos los mexicanos que tienen inversiones en el extranjero, deben declararlas al SAT y pagar impuestos sobre los ingresos que les generen.

Hasta ahora han surgido en esta investigación los nombres de al menos tres coahuilenses, y aunque no han trascendido los detalles finos de cada caso, lo que ha trascendido permite asumir que cada uno es diferente.

Respecto al ex gobernador Enrique Martínez, a través del banco de Allen Stanford estableció dos fideicomisos en dólares en las Islas Vírgenes Británicas. El fraude de Stanford, en el que estafó a miles de inversionistas, salió a la luz en 2009, una época en la que Martínez no estaba en el servicio público.

Seguramente el dinero que invirtió provenía de su actividad empresarial, y por tanto ya había pagado los impuestos correspondientes, y si en el 2009 o un año antes lo perdió en ese gran fraude, cuando regresó al servicio público, al ser designado Secretario de Agricultura en diciembre de 2012 ya no lo tenía, ¿cómo podía incluirlo en su declaración patrimonial?.

El Secretario de Gobierno Fernando de las Fuentes también aparece con inversiones a través de Stanford, igualmente la inversión inicial pudo venir de los ingresos de sus negocios particulares, que es bien sabido los tiene, aunque en su caso no dejó de estar en el servicio público en toda la primera década de este siglo, ahí sí falta por saber si incluyó en su declaración patrimonial las cuentas que tuvo en el extranjero antes del quebranto.

En el caso del senador Armando Guadiana Tijerina, con un fideicomiso también en las Islas Vírgenes, asegura que lo constituyó hace catorce años, esto nos remitiría a 2007, cuando estaba dedicado a su actividad empresarial, no era servidor público pero sí, en ese entonces, un fiel soldado del PRI. ¿Mantiene o no esos fideicomisos? ¿paga impuestos por los dividendos que le dejan?, siempre ha llamado la atención que pese a la opulencia que le rodea y lo conocido de sus actividades en la minería y la crianza de ganado, en sus declaraciones patrimoniales asegura no ser dueño de empresas, ¿esta es la pantalla que ha utilizado para negar una fortuna que sin embargo no oculta?.

El tema seguirá haciendo ruido, habrá que seguirlo con cuidado.

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Y a propósito de Guadiana, de su evento del domingo en Saltillo llaman la atención las ausencias, no le acompañó ninguno de los cuadros importantes de su partido en el resto de las regiones de la entidad, no estuvo Luis Fernando Salazar, de La Laguna, ni Claudio Bres, del norte, tampoco Roberto Piña del centro.

Y el mensaje no se limita a que no secundan la pretensión de Guadiana de convertirse en 2023 en candidato a gobernador, tampoco comparten su apuesta incondicional por Ricardo Monreal hacia la sucesión presidencial.

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En La Laguna se asegura que los ambientalistas ya anunciaron que se desisten de los juicios de amparo contra el proyecto de “Agua Saludable”, y que el viernes se dará la visita presidencial para anunciar que el ambicioso programa sí se ejecutará.

edelapena@infonor.com.mx

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Escrito por Redacción

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