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Por Eduardo J. De La Peña

Se concretó el ya anunciado nombramiento de Francisco Saracho Navarro como Secretario de Educación, y a partir de esto en los próximos días y semanas vendrán otros ajustes en las estructuras del poder público.

Además de la ya oficializada incorporación en enero de Manolo Jiménez Salinas a Inclusión y Desarrollo Social, se tiene en lo inminente la renovación en la dirigencia estatal del PRI a donde todo indica llegará Eduardo Olmos Castro.

Para inclinar la balanza a favor de Olmos habrían pesado una mezcla de atributos que lo convirtieron en el más idóneo para el complejo y trascendental momento que vivirá su partido en los próximos meses.

No es un líder extrovertido y que derroche carisma, pero eso lo compensa con creces su habilidad para operar y construir acuerdos, además de su relación fluida y vigente con todos los grupos políticos con algún peso en este estado.

Las relaciones de Olmos trascienden incluso los límites del estado, recordemos que fue en Coahuila coordinador de la campaña de Alejandro Moreno y Carolina Viggiano cuando buscaron el comité ejecutivo nacional, y si bien al PRI de Coahuila su estructura y fuerza le dan para conducirse con autonomía, no está de más que haya en la dirigencia local alguien con ese nivel de interlocución.

Pesan también a favor de Olmos la cercanía indudable con el gobernador Miguel Ángel Riquelme, y el hecho que de quienes están en el círculo cercano al mandatario es quien lleva la relación de mayor confianza con Manolo Jiménez lo que es importante para la función que le corresponderá.

Flotan en el ambiente dos dudas importantes, ¿quién hará fórmula con Olmos para la Secretaría General?, y ¿quién lo sustituirá en la Junta de Coordinación Política del Congreso?.
En semanas anteriores se había hablado que la diputada Esperanza Chapa iría a la Secretaría General, y esa opción sigue siendo viable.

Para el Congreso se especuló que al no ir Jesús María Montemayor al PRI entonces lo dejarían al frente de la bancada, y el rumor corrió fuerza este martes que Montemayor acudió a un evento con el gobernador como representante del Congreso, pero también tendría la mano levantada Ricardo López Campos, con muchas más tablas.

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El evento mencionado fue el anuncio de un programa de financiamiento de vivienda para la burocracia estatal, esquema en el que participan la banca comercial y los desarrolladores.

Este programa es de hecho un acto de justicia hacia los trabajadores del estado, pues hace cerca de cuarenta años que no tenían la posibilidad de acceder a este tipo de créditos, es decir que hubo quienes sirvieron al gobierno estatal, llegaron a su jubilación y no tuvieron esta prestación.

No hay un fondo de vivienda en el gobierno del estado, hace décadas se hacían programas para la burocracia a través del Instituto Estatal de la Vivienda, y por ello los trabajadores no cotizan al Fovissste.

Acceder a un crédito bancario no es algo sencillo, pues generalmente los bancos no quieren prestar a trabajadores de gobierno, por la inestabilidad y los cambios de cada sexenio.
Ahora se construye este esquema, quienes accedan a un crédito lo pagarán con descuentos vía nómina, y así podrán construir el patrimonio familiar, como lo hace cualquier trabajador del sector privado. Un acierto sin duda.

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Por lo pronto en cuatro de los seis estados que renovarán gubernatura el año próximo ya se confirmó la alianza entre PAN, PRD y PRI, repitiendo el esquema al que recurrieron en la elección federal de este año, que fue el único camino que tuvieron para quitarle a Morena y sus aliados algunos espacios.

Ya están amarrados en Aguascalientes, Hidalgo, Tamaulipas y el vecino Durango, y siguen negociando Oaxaca y Quintana Roo.

Pero a la par del esfuerzo de los tres partidos por construir un bloque opositor, surge desde el interior de los mismos el sabotaje, con puntadas como la del diputado priista Reynel Rodríguez Muñoz, quien en el más barato populismo propone una reforma legal para que sea obligatorio pagar en las empresas un aguinaldo de cuarenta días, es decir veinticinco más de los que se pagan actualmente.

Decirlo es muy fácil, pero en las circunstancias actuales del país prácticamente ninguna empresa podría con una carga de ese tamaño, la puntada del diputado en lugar de beneficiar a los trabajadores generaría cierres y despidos.
Debería Reynel Rodríguez buscarse un espacio en Morena, allá cabe bien con sus ocurrencias.

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Escrito por Redacción

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