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Por Eduardo J. De La Peña

Es muy claro que existe un doble interés atrás de las filtraciones que desde la Ciudad de México se están dando respecto a las circunstancias que aparentemente rodean el accidente minero en la Carbonífera.

En principio está desde luego el interés de generar un desgaste político con miras a la contienda que se tendrá aquí el año próximo, pero también se ve claro el propósito de tender una cortina de humo en un desesperado intento por distraer del fondo del asunto y que no se señale a quienes efectivamente tienen una responsabilidad, que son la Secretaría del Trabajo por no cumplir con su obligación de inspeccionar las minas y pozos; y la Comisión Federal de Electricidad por seguir comprando carbón sin una real verificación de las condiciones de seguridad en los sitios de extracción.

Y en ese apuro por distraer, crean historias en base a situaciones aparentes, siguiendo una ruta que nunca va a llevar a la verdad, pues si quieren seguir el hilo de las relaciones políticas se van a encontrar con una madeja y descubrirán que para algunos políticos y políticas –en receso y en activo—de la región Carbonífera lo que menos importa son lealtades y fidelidades.

Para esos que están involucrados en el negocio del carbón no hay votos matrimoniales ni compromisos partidistas que valgan. Partiendo de ello encontrarán que el enredo es mayúsculo y no todo lo que parece es.

Por ejemplo un personaje que ha cobrado notoriedad en estos días, Régulo Zapata Morales, al que las filtraciones del centro lo quieren alinear con el PRI, realmente tiene vínculos sólidos con otros partidos, y no por las incursiones que en algún momento tuvieron sus progenitores, sino por los negocios que tiene.

No es algo muy conocido en Coahuila, pero seguramente lo tienen bien documentado y sabido en las altas esferas federales de donde se están alimentando estas versiones que casualmente lo omiten, pero Zapata Morales mantiene cercanía con la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y con la que será por segunda ocasión candidata de Morena en el Estado de México, Delfina Gómez Álvarez.

Los amigos de Régulo Zapata junior que desde el año pasado le andan ayudando como intermediarios para que pueda surtir los pedidos de carbón que le adjudicó la CFE, comprando incluso lamas de plantas lavadoras, no tienen empacho en asegurar que para el empresario, que apenas tiene 40 años de edad, el contrato que por más de 170 millones de pesos logró en mayo de 2021 con la paraestatal –al que se suma este año otro por más de 55 millones de pesos—no es prioridad, pues su verdadero negocio es su otra empresa, la desarrolladora de software Helicon.

Esa empresa, explican los amigos de Régulo, desarrolló una aplicación para monitorear la movilización de las estructuras electorales, y fue utilizada por los equipos

de Sheinbaum y Delfina, lo que le abrió las puertas para luego ser proveedor de la Secretaría de Educación Pública federal.

También en junio de este año ese software de monitoreo habría sido utilizado por el ahora gobernador electo de Tamaulipas, Americo Villarreal Anaya.

En todo caso, sus buenas relaciones en las altas esferas del gobierno federal son las que le han permitido a Régulo Zapata Morales conseguir para él y sus allegados contratos de CFE por adjudicación directa.

Así se consiguieron en 2021 y 2022 dos contratos, que suman más de 74 millones de pesos, a la Compañía Minera El Pinabete, empresa titular de la concesión minera con la que se explotan los tres pozos que se inundaron hace una semana y en donde quedaron atrapados 10 trabajadores.

En las versiones filtradas a nivel nacional se atribuye la propiedad de Minera El Pinabete a Héctor Omar Villarreal González y Héctor Omar Villarreal Beltrán, quienes efectivamente la constituyeron en marzo de 2012.

Sin embargo en enero de 2019 los Villarreal vendieron sus acciones a Luis Rafael García Luna Acuña, 47 de ellas, y tres a Arnulfo Garza Cárdenas.

La cercanía entre Régulo Zapata y García Luna Acuña es conocida y está documentada desde hace cuando menos diez años, y lleva a turbios manejos que se dieron en torno a la administración del Parque Fundidora en Monterrey.

Como se ve, en esto del negocio del carbón hay tejes y manejes que salpican hacia todos lados, pero aún con esa enredada madeja hay facultades y obligaciones legales muy claras, y a partir de ellas es que se deben fincar responsabilidades.

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Escrito por Redacción

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