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Por Eduardo J. De La Peña

Que de las once diputaciones federales que logró ganar por si solo el PRI en todo el país, cinco hayan sido en Coahuila, provocó entre algunos priistas de nuestra entidad un desbordado optimismo que convendría, por el bien del estado, moderar.

De la buena gestión que ha llevado el gobernador Miguel Ángel Riquelme no hay duda. De su sensibilidad y eficacia para hacer frente a las contingencias y repetidas crisis que se han presentado en estos años hay sobrados testimonios. Su habilidad y tacto político son también conocidos y reconocidos.

Sus valimientos y capacidad no están pues a discusión.

Pero bien harían los que ya andan en la silla mareadora del futurismo en leer bien los resultados: son once diputaciones en el país, sí once de trescientas. El PRI no dio para más.

No deben perder de vista tampoco que muchos de los votos con los que los candidatos del PRI triunfaron en los cinco distritos de Coahuila, fueron producto de la campaña del “voto útil”, es decir que vienen de simpatizantes de otros partidos que se convencieron de que la única ruta para acotar el avance de Morena era sumarse a la opción más viable, y esto de ninguna manera asegura que en el futuro vuelvan a votar por priistas.

Pero hay otro riesgo que deberían tener presente, jugar con la idea de que Riquelme es un referente del priismo nacional equivale a abrir frentes, es ponerlo en la mira de un Presidente visceral, que no está contento con los resultados y que es capaz de todo para debilitar a sus opositores.

De entrada el muy vulnerable Alejandro Moreno, encargado de la dirigencia nacional del PRI, prepara la genuflexión y ofrece disposición para entablar dialogo y acuerdos con López Obrador.

No tardó el revire del gobernador Riquelme, quien recordó que la prioridad para los ocho diputados coahuilenses –pues además de los cinco que ganaron habrá tres plurinominales– deberá ser cumplir la expectativa de los electores y convertirse en un contrapeso real.

En eso es precisamente en lo que se deben de concentrar también los veinticinco priistas que fueron electos como alcaldes, en cumplir a los electores, gobernar con extrema eficiencia y honestidad, para que en el futuro puedan seguir teniendo triunfos.

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Siguiendo con el tema de las elecciones la que no se mide es Melba Farías, quien anticipa impugnará los resultados en el tercer distrito pues asegura que ganó.

Hay cerca de cuatro mil cuatrocientos votos de diferencia, a favor de Cristina Amezcua del PRI, pero Melba pedirá la revisión de los votos nulos, que fueron poco más de tres mil trescientos, es decir que ni sumando todos ellos le alcanzaría a la que fue candidata de Morena para su reelección.

Como antecedente, cuando Melba fue electa en 2018 los votos nulos fueron más de 5 mil 600, y no hubo el menor asomo por parte de quien en aquélla ocasión fue candidata del PRI, Guadalupe Murguía, de generar un conflicto.

En esta elección del domingo, Melba tuvo 53 mil 500 votos, que son 18 mil cien menos de los que hace tres años la llevaron a la Cámara de Diputados. Y aún así son muchos para el pobre desempeño que tuvo y para no haber hecho campaña en esta ocasión, son votos inerciales de una estructura de Morena a la que no se debe perder de vista pues la seguirán alimentando con los llamados “programas del bienestar”.

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Vaya desparpajo el de Luisa María Alcalde, Secretaria del Trabajo, salir a decir en sus redes sociales que continúan trabajando en el rescate de 3 mineros a los que no se ha localizado en la mina de Rancherías, cuando se limitó a una visita para la foto y no ha habido ninguna participación efectiva de la dependencia a su cargo ni en la atención del accidente, como no la hubo en la prevención que es una de sus facultades.

Y también habría que preguntar qué pasó con la delegación del Seguro Social, que el viernes tan pronto se supo del accidente dieron a conocer que había personal y equipo disponible para prestar la atención necesaria, y a partir de ahí ha guardado silencio.

Conocidos ya los nombres de los trabajadores que quedaron atrapados, tendría el IMSS que informar si estaban o no dados de alta, y la situación patronal del dueño de la mina.

Que el cuerpo de uno de los mineros haya tenido que ser trasladado en una carreta al lugar en el que se le sepultó, además de indignante lleva a preguntar si estaba dado de alta en el Seguro y en todo caso por qué la institución no asumió los gastos funerarios.

El dramático cortejo fúnebre del minero Pedro Ramírez fue no solo un reproche hacia las autoridades de los tres niveles de gobierno, sino además una clara manifestación de la indiferencia oficial hacia las condiciones en que viven estas familias.

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Escrito por Redacción

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