Iron Maiden cimbró el Palacio de los Deportes


Ríos de playeras negras y algunas melenas largas se veían desde las avenidas aledañas al Palacio de los Deportes, para llegar puntuales a su encuentro con la Doncella de Hierro.

Ayer por la noche, Iron Maiden ofreció el primero de los tres conciertos programados en la Ciudad de México, como parte del Legacy of The Beast World Tour, ante un recinto abarrotado, en el que lo mismo adultos que nuevas generaciones sucumbieron ante los riffs de las potentes guitarras de los ingleses.

Pasadas las 21 horas, las pantallas a los costados del escenario mostraron Legacy of The Beast, el videojuego de la banda, que el público ovacionó. Minutos después, el Domo de Cobre recibió a los seis integrantes de Iron Maiden, a los que sobrevoló un avión militar durante Aces high.

Dueños del escenario, con total dominio de sus instrumentos, giraban sobre su eje, sonreían, gozaban. El frontman Bruce Dickinson supo cómo llegar a cada uno de los 21 mil 650 asistentes, que, con un grito ensordecedor, festejaron que usara un sombrero con la bandera de México, resaltando sus pantalones negros entallados con los que recorría la tarima mientras interpretaba Where eagles dare.

Para 2 minutes To Midnight Dickinson usó una camisa de fuerza y cantó junto a la batería, a la que su compañero Nicko McBrain sacaba elegantes y poderosos redobles.

Una niña de no más de cuatro años, que llegó de la mano de su mamá, ambas con jeans y playera negros, buscaban sus asientos en las gradas, hasta que la vendedora de diademas con luces de calaveras pasó a su lado y la pequeña pidió una. Más tarde, no dejó de mirar las luces en el escenario, mientras movía la cabeza, como aprobando el espectáculo ante sus sorprendidos ojos.

Las luces del escenario dejaban ver al público, con el puño arriba, entregados a cada acorde que salía de las guitarras eléctricas de Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers, acompañadas siempre por las cuatro cuerdas de Steve Harris.

Antes de dar paso a Clansman, Dickinson agradeció a todos los fans por las tres fechas en la Ciudad de México que son sold out y añadió que este concierto es una celebración, la celebración de Legacy of The Beast.

Entonces apareció Eddie The Head durante Trooper, a quien Dickinson apuntó y disparó con la bandera nacional.

Janick Gers siempre desenfadado, subiendo los pies a los monitores, rasgando las cuerdas de su guitarra y haciendo sus ya clásicas piruetas en el escenario, dio pie a Fear of the dark, bajo una tenue luz verde, que el público aprovechó para iluminar el recinto con las pantallas de los celulares.

Para cada canción hubo una escenografía enmarcando la teatralidad del vocalista, quien lució sombreros, máscaras, capas y lanzó fuego.

Para cuando llegó el momento de The number of the Beast, el Palacio de los Deportes se hizo un solo grito y algunos imitaban en el aire los remates de McBrain en la batería.

El concierto, que duró casi dos horas y recorrió 16 de sus éxitos, terminó con un encore que incluyó Evil that men do, Hallowed y Run to the hills.

The Raven Age fue la banda encargada de abrir el concierto. Sus integrantes al término de su presentación pidieron al público que sonriera para la foto, mientras sostenían una bandera de México.

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