Joker o cómo dinamitar la realidad


Por Hugo Castro

¿Usted cómo ha compuesto su realidad?, es una pregunta que absolutamente nadie le hace a otra persona en un encuentro casual en un transporte, al vecino de la mesa en el café o en el cruce fortuito que tenemos al hacer ejercicio en algún parque público.

Y más aún en una época en que nos aislamos por completo en la virtualidad, dándole seguimiento a hilos interesantes en Twitter, sumando “pulgares arriba” a las publicaciones de nuestros conocido y observando las imágenes de influencers o parientes que comparten en su Instagram para decirnos esta es mi verdad.

El Joker se ha convertido en los últimos días en un fenómeno fílmico adecuado a nuestras fechas (perdón, pero si hubieran estrenado esta película junto a obras maestras como El Padrino, Taxi Driver o El Ciudadano Kane como sugieren algunos “críticos”, no se hubiera entendido o simplemente hubiera parecido algo muy exagerado que nunca se daría en la realidad). La gran actuación de Joaquin Phoenix y el dominio que presenta Todd Phillips en la dirección, hacen que esta película marque a una generación que por primera vez quita su mirada de los dispositivos inteligentes para confrontarse con la crudeza de una sociedad cada vez en decadencia, que dista mucho de la nuestra pero creo que estamos a la vuelta de la esquina de encontrarnos en una situación así.

La tarea no era fácil más porque en todo este siglo conocemos al revés y al derecho el mito de Batman: Bruce Wayne pierde a sus padres a corta edad luego de un asalto del cual fue testigo, cae en un pozo infestado de murciélagos y para tomar revancha se convierte en un héroe nocturno capaz de salvar a Ciudad Gótica del caos y la violencia que es desatada por una pléyade de villanos de todos tipos.

Pues bien volver a ver estas imágenes sería nada atractivo para los fans, aunque ahí tenemos el caso de Spider Man a quien solo falta que lo interprete Omar Chaparro. Aunado al origen del Caballero de la Noche el villano que más presente está en parte de su universo sin duda es el Guasón (nombrado así en México), quien también ha sido interpretado por grandes actores (tu no Jared Leto, tu no) y quienes han dejado su marca en la historia del cine debido a supieron sacarle jugo a este personaje.

Es por ello que era necesario que la historia se contará desde otro punto de vista, con menos concesiones, pero sobretodo que sacudiera a una sociedad que se siente hiperpreparada para salir adelante a los retos que se le presentan pero a la vez instalada en una somnífera posición de no pasa nada.

Aquí hay dos factores interesantes que el Joker asimila muy bien. Por una parte el retomar la vasta tradición del Cine Negro de Estados Unidos, en donde el protagonista es el criminal quien se enfrenta a situaciones adversas por el destino, la policía es un poder que lo agobia y la vida misma no le da un ápice para poder realizar sus deseos por hecho se mete al hampa con resultados pocos halagüeños. Por la otra que Todd Phillips se haya dedicado en casi todo su cine a las comedias, no le imposibilita el crear un universo crudo y sin esperanzas como se presenta en el film, al contrario es el caldo de cultivo para que el chiste cruel no solo sea contado si no que sea una realidad (recuerden cuando el personaje de baja estatura no puede escapar del peligro), de tal manera que cumple con el decreto básico “la comedia es una tragedia alargada en el tiempo”.

No entraré a reseñar la película porque de ella todos hablan, pero si me interesa retomar varios puntos interesantes que van más allá del romper convenciones solo en la pantalla, sino que también nos dejan sin opciones de reaccionar ante situaciones sutiles pero que son sin lugar a dudas un pastelazo en nuestro rostro.

El reto de Phillips y su coescritor Scott Silver (ganador del Oscar a mejor guion original en 2011 por El Peleador) era transgredir la construcción de este villano debido a que su popularidad se extrapoló gracias a la actuación de Heath Ledger. La historia tenía que tener su propio ritmo, su propio respirar, que debía agobiar al espectador, a no confiarse en que el Joker sería ese criminal juguetón que intenta atrapar a Batman y nunca lo logra (como el realizado por César Romero en la serie televisiva de los 60’s) o aquel de Jack Nicholson que le ganó la partida actoral a Michael Keaton en el Batman de Tim Burton. Es más debería de romper con el mismo maleante del cabello verde que presentó Christopher Nolan, el cual si se llevó los aplausos pero que su violencia fue solo de palabra y nunca de imagen.

Por ello la crudeza del film tenía que estar de principio a fin, sin contemplaciones, no como recurso para que el espectador se sintiera mal sino para que en el fondo se pudiera identificar, porque al igual que al Joker para miles la vida no ha sido fácil, al contrario pareciera que cada vez el esfuerzo por hacer lo correcto no reditúa para nadie en esta sociedad en donde el que tiene más colmillo llegará a tener más opciones de poder y no por tu preparación o peor aún por las carencias en las que vives.

Así tenemos a un Arthur Fleck que ante su vida día tras día va perdiendo el sentido, la realidad para este se vuelve en su contra (el letrero que le roban se le descontará de su sueldo), al punto que no puede entablar relación alguna con su entorno debido a su risa compulsiva, su falta de estima pero en particular sus trastornos profundo en los que su estructura mental está endeble.

Si diseccionáramos a Fleck partiendo de la tradicional forma que Freud estructuró la personalidad se puede identificar que su YO es aquel que busca apoyo y hasta cierto punto comprensión, su charlas con la psicóloga que le da una potente medicación para que se mantenga estable, pero que a fin de cuentas de poco sirve. Ese elemento se instala en la necesidad crea un ideal de sí mismo, pero falla debido a que su único mundo es su madre, la cual tiene una esperanza que será imposible de que se realice. Sus alucinaciones le permiten mantener un poco de fe en sí, pero pronto acabara.

Su SUPER-YO no está en él, debido a que lo ha cedido al entorno, a su psicóloga, a sus compañeros de trabajo, a su madre, a la imposibilidad de no poder controlarse así mismo. Por ello su relación con el mundo es de incomodar al otro, por ello sus acciones se van a ir elevando a un nivel de violencia debido a que cada vez se va vaciando (la escena del refrigerador).

Ante esta situación el ID o ELLO es el Joker, la liberación del YO oprimido o nulificado, y que tiene en la violencia su pulsión de plenitud. Desde un principio no se arrepiente del primer crimen, al contrario hace una “danza macabra” que es liberadora, para él su arte es la violencia. Por ello se pintará la cara y le hará frente a esa sociedad que lo ha rechazado para que entienda que su sonrisa ya no la producirá su incontención afectiva, o el forzar sus labios al no saber si reír o llorar, sino que ahora será el caos, la sangre, el crimen.

La pintura que le cubre el rostro es capaz de darle una identidad más fuerte, en el que ya no cabe ni ilusión ni ideal, solo su verdadera creación: la risa que ya no es motivo de alegría sino de temor.

¿Era necesaria esta versión del Joker? Para el mundo cinematográfico sí, debido a que no se le había dado el lugar al que realmente pertenece este comediante, que se jacta no solo de ocasionar el caos dentro de la pantalla sino fuera. Acaso cree usted que el baile en las escaleras previo a su presentación en el “late night show” con la canción Rock And Roll Part Two (mejor conocida por ser una canción que por muchos años utilizó los Patriotas de N. Inglaterra para celebrar sus anotaciones) haya sido fortuita, luego de que su interprete Gary Glitter está en la cárcel acusado de pederastia y de depredador sexual de menores. O fue también el hecho de que Joaquin Phoenix despida el show al acercarse a la cámara y decir la frase del anfitrión “Así es la Vida”, sea solo como parte del guion o bien como una referencia a una escena arquetípica en la que Heath Ledger toma una cámara para decir una advertencia, pero si se ve de fondo y entra en el juego, pudiéramos decir que es el Joker rompiendo la cuarta pared y diciéndole al actor australiano que así de cruel es la vida.

Varios piensa que todos tenemos algo del Joker, pero en realidad todos somos ese actor de baja estatura que no puede salir de la sala de cine sin antes sentir el peligro de ya no ver su realidad como antes. Y a pesar de todo este filme seguirá siendo una comedia, que se mete a lo más profundo de nuestro ser, para representarnos al Posthumano, ese que su verdad se basa en su vida no en la vida que otros le deparan, en donde su única regla será el disfrute de lo cotidiano violando cualquier regla implementada por la sociedad. Nuevamente el Joker se ha salido con la suya.

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