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La Castañeda en el Iguana: Un paseo por la mente humana

Por: Eduardo Sepúlveda

Con el pretexto de la celebración de sus 33 años de existencia como banda, La Castañeda arrancó una gira por México, con la primera parada en su natal, Ciudad de México.

Ya habían celebrado sus primeros 30 años de vida, pero luego se vino la pandemia y con ello la suspensión de actividades masivas. Una vez que las autoridades sanitarias lo permitieron, la banda de CDMX volvió recargada y el concierto en el Teatro Metropolitan, a principios de mes, (33 años, 33 canciones) ha sido un nuevo comienzo. Hoy, están a punto de entrar a Estados Unidos con fechas en Las Vegas y Los Ángeles, entre otros puntos.

“Quisiéramos ir a todas las plazas, desafortunadamente no todo se puede”, asegura Omar de León, poco antes de arribar a la Sultana del Norte. La Castañeda se presentó en el Café Iguana el pasado 9 de julio ante una población de jóvenes adultos que, se notaba a leguas, habían esperado este reencuentro desde hace varios años.

Vestidos con playeras del grupo, esperando el momento justo en que la locura humana se soltara libre en el antro, los cientos de presentes se alistaban para el Cenit que tenían marcado en sus calendarios.

En el acto, Chava y demás compañía aparecieron sobre el entarimado cerca de las 11 con 5 minutos, aproximadamente, para comenzar el recital.

En medio de éxitos de antaño, y una buena repasada por el mejor álbum que pudieron crear, Servicios Generales II, una bailarina hace las delicias del público con un performance que va de lo sutil a lo descarado, según la interpretación musical lo requiera. Se pasea entre los músicos, ataviada en distintos atuendos, dignos para la ocasión.

La estación y El hilo fueron de los primeros cortes en interpretar. Por supuesto, no tardaron mucho canciones como Loco, Del Barrio o Sueños. La voz de Salvador, más gruesa y madura. Los años que han pasado son innegables, pero han caído bien en la banda y sus fans; la energía se renueva y ánimo está a tope. Se siente un ambiente ligero y oscuro a la vez, como en una mezcla de 90’s y actualidad.

La fiebre de Norma, un tema esperado; La güera, para ponernos a bailar. La espina, no podía faltar. Frenopatía, Viejo veneno y por supuesto, una de las consentidas y más románticas piezas: Noches de tu piel. Noches de La Castañeda. El calor húmedo de Monterrey puede olerse por todo el lugar. Es América caliente.

Luego, el repaso más importante por cada integrante de la banda; Gitano de mente, en versión extendida; vaya oportunidad de cada uno de los seis músicos sobre el escenario para mostrarle sus aptitudes a todos los presentes. El rock está vivo. “El rock lo soporta todo”, nos dijo Omar. “Vienen modas, vienen tendencias que ocupan todos los medios, todas las pantallas, ocupan toda la atención y luego pasan. Y eso no sucede con el rock, el rock siempre está ahí y se renueva. Cuando ya pasa lo que está de moda, lo que tiene contenido y tiene corazón, lo que tiene buenos cimientos, siempre va seguir ahí. No solamente en el rock, en la música en general, la música que está hecha con pasión, no envejece. Al contrario, se va fortaleciendo con el tiempo”. Está en lo cierto.

Antes de irnos, La Dosis, Cautivo de la Calle y Tloque Nahuaque, para cerrar con un tema que se ha vuelto costumbre: Transfusión, el pináculo de aquel maravilloso disco de 1992. Una joya perdida en el tiempo.

La Castañeda celebra la vida, porque sabemos sobre la fragilidad del ser humano y lo efímero que representa nuestra propia existencia. Quizá, el próximo año tengamos que festejar el año 34. Por hoy, dos horas después, se ha convertido en La última noche.

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Escrito por Redacción

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