La insensibilidad política


Por Luis Guillermo Hernández Aranda

La imagen resulta perturbadora e incluso indignante. El presidente de la república Andrés Manuel López Obrador, levantando la mano de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum como si estuviera en un mitin político o acabarán de ganar las elecciones… pero no es así, era una muestra de apoyo tras las críticas que ha recibido la Jefa de Gobierno por la crisis de inseguridad y el asesinato del joven Norberto Ronquillo.

“La maltratan mucho unos grandulones, abusivos, ventajosos, pero no está sola, tiene el apoyo del presidente de la República y del pueblo de la capital, de Ciudad de México”, dijo López Obrador.

A unos kilómetros de ahí la familia de Norberto vivía el drama de recibir su cuerpo. Después de haber sido secuestrado, haber pagado el rescate. La angustia terminó con la muerte del joven de Chihuahua.

Que López Obrador apoye a la jefa de gobierno es válido pero hay mejores momentos. Nuevamente el presidente privilegia la arena política a la empatía y la sensibilidad. Importa mantener la popularidad, no dar consuelo a una familia que planeaba ir a la Ciudad de México para asistir a la graduación de su hijo y recibir un diploma no un ataúd.

Si Claudia Sheinbaum había sido a atacada en redes, el hecho provocó más encono. Donde el sentir puede resumirse en la siguiente frase: “Claudia no está sola, ella tiene al presidente de la república, los que estamos solos ante la inseguridad somos los ciudadanos”.

No es la primera respuesta insensible de López Obrador, lo mismo ha sucedido al referirse al tema de las estancias infantiles o al desabasto de medicamentos en los hospitales. Todo es visto como un “complot” que busca desestabilizar el gobierno, todo es culpa de la prensa “fifí” y todo se lleva a la arena política. La empatía con los ciudadanos puede esperar.

El discurso ha permeado de tal forma que incluso sus voceros oficiales, sin cargo público pero si honorifico, se han encargado en contaminar el debate público. Ahí están los tuis de Gerardo Fernández Noroña, de Antonio Attolini, pero sin duda la joya de la corona en este lamentable hecho se la lleva el productor de narcoseries, Epigmenio Ibarra, quien aseguró que el crimen fue culpa de quienes buscan restaurar el “régimen autoritario”.

Nuevamente se culpa de la realidad al pasado, a los adversarios políticos. De nada importa que en el último cuatrimeste el secuestro en la Ciudad de México haya aumentado 271 por ciento al pasar de 1.5 por mes en el primer cuatrimestre de 2018, a 6.5 en el mismo periodo de 2019.

La realidad de la Ciudad de México en materia de seguridad no es muy distinta a la del resto del país, pero mientras el actual gobierno privilegie el discurso, la retórica en lugar de trabajo seguirá igual. Andrés Manuel López Obrador sigue en su eterna campaña cuando ya es presidente de la república pero pareciera que ni él ni sus seguidores se han dado cuenta.

@lharanda

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