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Los reflejos de AMLO

Por Luis Guillermo Hernández Aranda

Mucho podemos debatir sobre si Andrés Manuel López Obrador es un buen o mal presidente, lo que no está a discusión es su habilidad política. Amante del beisbol, López Obrador vio venir la “curva” llamada: boda Santiago Nieto y bateó de jonrón.

Como buen animal político transformó la crisis que provocó la lujosa boda de Nieto con la consejera del INE, Carla Humphrey, en un punto a su favor.

Inmediatamente cesó al titular de la Unidad de Inteligencia Financiera para enviar un mensaje de que él es congruente con el discurso de austeridad. Así quien se casa en un evento lujoso con gran despilfarro no merece estar en la cuarta transformación.

Si al presidente no le tembló la mano para hacerlo en el pasado con su amigo Cesar Yáñez, cuya boda fue portada de la revista Hola, mucho menos iba a dudar en hacerlo con Santiago Nieto. Esto a pesar de su fidelidad al tabasqueño, Nieto nunca dudó en usar su oficina como brazo de control de político y no de combate a la corrupción.

Desde esa oficina se congelaban las cuentas de los enemigos del presidente, ya después se investigaba si había delito. López Obrador sabe convertir las crisis en aciertos y su popularidad no se ha visto mermada.

El escándalo de Emilio Lozoya cenando en un restaurante de lujo lo convirtió en un acierto al meterlo en la cárcel.

López Obrador es una especie de torero que sabe sortear muy bien los embates de la oposición y los escándalos políticos, pero sobre todo torea para la tribuna. Al presidente no le importa la calidad de la faena sino los aplausos del público.

Por eso a él no le interesa la caída de PIB, tampoco los indicadores de productividad, mucho menos las cifras de homicidios, para el presidente lo importante son los programas sociales que le generan simpatías. Sus ocurrencias en la mañanera que provoca risas. Lo importante es la popularidad que se traduce en votos.

Si analizamos el desempeño de Santiago Nieto, a pesar de sus excesos, no era el peor funcionario del gobierno federal. En cambio, Hugo López-Gatell Ramírez por su incapacidad y negligencia desde hace mucho tiempo debió de haber sido cesado. Sin embargo, esto no ha ocurrido y seguramente no pasará.

El tema de la salud no es prioridad del presidente, los miles de muertos por el covid19 no le quitan el sueño. Prueba de que la salud es lo de menos es su negativa de vacunar a los menores de 18 años contra el coronavirus. El presidente juega en la cancha del combate a la corrupción, es su narrativa y es donde le importa generar la percepción de que se está dando resultados, aunque no sea cierto.

La salud puede esperar, la economía también, incluso combatir la corrupción, lo que no puede esperar es la narrativa, el contar la historia de que las cosas han cambiado, aunque estemos peor. Y en un país donde todo se mueve por la cultura de la telenovela el cuento de buenos contra malos siempre da resultados, por eso el presidente siempre va a agradecer que existe un villano como Santiago Nieto o Emilio Lozoya que le permita seguir contando su historia y ganando simpatías, aunque el país vaya en picada.

@lharanda

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Escrito por Redacción

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