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Más allá de la formación educativa

Por: Rafael G. Vargas Pasaye

El escenario que se previó en marzo de 2020 poco vislumbró que la pandemia nos haría adoptar nuevos mecanismos de desarrollo humano, incluyendo el educativo, con alternativas en plataformas digitales, cuando el contexto y posibilidades lo facilitaran, o la imaginación para hacer llegar materiales y darles de alguna u otra forma seguimiento a alumnos en los lugares donde hay menos acceso a puentes tecnológicos.

Sin embargo, es bueno recordar que nada suple todo lo que existe alrededor de asistir a la escuela sin importar el horario. Hace poco me preguntaba un amigo sobre qué era lo que más extrañaba de las clases, sin dudar respondí: “al que soy en la escuela”, y es que allí, como en el trabajo, en la familia, en algún evento, asumimos un personaje, y lo desarrollamos como mejor podemos.

Vale la pena pensar en las vivencias que pasamos por ejemplo en la secundaria, una etapa donde tocó “la primera vez” de varias cosas, quizá el primer beso, el primer cigarro, el primer contacto con las drogas, la influencia musical de los amigos, entre miles otras, y que hoy, en la sana distancia, tras una pantalla, no es ni siquiera parecido.

Cómo están haciendo los adolescentes para encontrar esas primeras veces, ¿con los amigos vía electrónica?, ¿los maestros en la sana distancia se involucran con ellos como cuando se los encontraban en pasillos o canchas?, ¿las figuras de autoridad como prefectos, supervisores, subdirectores o similar qué papel juegan hoy en la dinámica de la pandemia?, repito, no sólo en lo escolar, sino en los extraescolar.

Esas vivencias en la escuela nos forjaron actitud, temple, carácter. Muchas son anécdotas que marcan vidas, signan apodos, flechan noviazgos permanentes. ¿Cuántos de nosotros fuimos testigos o partícipes de pleitos juveniles que culminaban invariablemente con un duelo a golpes a la salida?, ¿hoy, de darse, esto cómo procede?

Los desarrollos tecnológicos también marcan a las generaciones, aunque sea una verdad de Perogrullo vale la pena subrayar que no es lo mismo quien sólo tuvo acceso a televisión sin control remoto y con pocos canales, a quienes tuvieron atari, o cable, o quienes hoy gozan de internet y redes sociales.

Como tampoco la generación de padres y maestros es igual. No se cuenta ya en ningún frente con los mismos conocimientos, ni paciencia, ni ocupaciones. Y quizá sea en este punto donde más se presente el quiebre: en la relación directa del padre y madre de familia que dejan al menor en la escuela mientras ellos están en el trabajo.

Con la actual dinámica como es sabido, de nueva cuenta los padres y sobre todo las madres han tenido que ocupar ese papel de facilitadores en el hogar, sin la preparación docente, con mucho amor y corazón, pero con otro tipo de limitantes que de alguna u otra forma tendrá sus consecuencias en un futuro.

Porque más allá del programa educativo, de la modernidad de una plataforma digital, no debemos perder de vista que las vivencias tanto dentro como afuera de los inmuebles escolares es un elemento que por el momento muchos no están recibiendo, y eso también forma parte de la educación y de la cultura.

@rvargaspasaye

Escrito por Redacción

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