Me da mucha ansiedad


Por Luis Guillermo Hernández Aranda

“No puedo descansar en la noche, me da mucha ansiedad”, me cuenta un amigo que en esta semana fue diagnosticado con Covid-19. Antes de recibir el resultado de la prueba habíamos hablado por teléfono y la plática, constantemente, fue interrumpida por los ataques de tos que sufría. La cual le provocaba mucho cansancio y por ende debilidad. 

A pesar de estar más de cuatro meses platicando en radio y escribiendo en columnas sobre el Covid no deja de sorprenderme esta enfermedad que ataca a todos tan distinto. Lo único cierto es su letalidad. 

“Estoy bien, pero me siento muy cansado”, me dice mi amigo quien me confiesa que en momentos siente piquetes en el cuerpo y esa es la señal de que ya comenzará el dolor.

Incluso trata de bromear y me comenta que se siente tan mal como si hubiera sido el ladrón que golpearon en la combi. Esta plática fue apenas el lunes, el martes por la noche me enteré que un primo de mi esposa fue hospitalizado por Covid. Él vive en la ciudad de México, dos meses antes una tía fue la enferma.

Todos tenemos a alguien cercano que padece o padeció la enfermedad. Los más afortunados asintomáticos. Otros se declaran sobreviviente del Covid como mi amigo Elías. Hace un mes su esposa me escribió en la noche:

“Soy la esposa de Elías lo internamos en el hospital. Trae sus pulmones inflamados y requería de oxígeno. Ya lo están atendiendo y apenas entró. Primeramente Dios va a ir evolucionando, ahí les vamos avisando”.

Previo a su entrada al hospital lo habían diagnosticado con gripe y mucho cansancio. El tratamiento no fue el adecuado pues en realidad era Covid. Hoy vive para contarlo. 

Los protagonistas de estas historias tiene nombre, apellido, esposa, hijos e hijas, e incluso hasta nietos. Son historias que duelen por su cercanía, pero los miles de contagios que tiene este país también duelen.

Me llama la atención como todos los días el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, menciona la impresionante cantidad de muertos como una cifra más. Como si cada una de esas personas no tuvieran una historia, como si nadie les guardara duelo…como si no importará que hayan muerto más de 54 mil personas. 

La banalización de los números, de las cifras, como lo hizo en su momento Felipe Calderón con su guerra contra el narcotráfico. Incluso los llamo despectivamente: daños colaterales. López-Gatell aún no les pone un nombre despectivo sin embargo todas las noches minimiza sus muertes, sobre todo cuando defiende su estrategia contra la pandemia. Importa el discurso político no la evidencia científica.

Algo similar sucede con Andrés Manuel López Obrador, para quien es más importante cuestionar el trabajo de los medios de comunicación y defender al subsecretario de Salud que mostrar algo de empatía por las víctimas, solidaridad con las personas enfermas.

Aunque en el discurso se presenten como un gobierno humanista en los hechos son  neoliberales donde sólo importa las cifras. El vaso puede estar medio lleno o medio vacío, sin duda ellos lo ven lleno, su estrategia la califican como éxito aunque en los hechos todos tenemos una historia de dolor que contar por culpa del Covid.

@lharanda

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