En una mañana tensa pero firme, la presidenta Claudia Sheinbaum se presentó ante los medios con un mensaje claro:
“México tomará medidas si no se logra un acuerdo con Estados Unidos”.
La advertencia vino tras el anuncio de un decreto firmado por el expresidente Donald Trump que duplica los aranceles a las importaciones de acero y aluminio, elevándolos al 50%. Una decisión que podría afectar directamente a miles de empleos en territorio mexicano.
Este nuevo episodio comercial entre ambas naciones pone a prueba la diplomacia, pero también la capacidad de México para proteger a su industria nacional en un contexto donde el 80% de las exportaciones mexicanas van a EE.UU.
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El anuncio de Trump y su impacto inmediato
El martes, Donald Trump firmó un decreto que sorprendió a gran parte del continente: los aranceles al acero y aluminio pasan del 25% al 50%, con el argumento de que estos sectores son “estratégicos para la seguridad nacional estadounidense”.
Pero el golpe no es solo económico. Es político. México, que ha sido uno de los socios comerciales más estables para EE.UU., se encuentra de pronto en el ojo del huracán. En 2024, Estados Unidos importó la mitad del acero y aluminio que consumió, y México figura entre sus principales proveedores. Ahora, esa relación corre riesgo.
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Sheinbaum: “No habrá un ojo por ojo, pero sí habrá respuesta”
Desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum fue enfática: México no responderá con venganza, pero tampoco se quedará de brazos cruzados. El gobierno ya analiza opciones para proteger los empleos y la competitividad del país.
“Estamos explorando rutas legales y diplomáticas. Lo que no vamos a permitir es que decisiones unilaterales nos perjudiquen sin razón”, explicó Sheinbaum. Aunque no detalló las medidas específicas, dejó claro que la próxima semana se tomarán decisiones si no hay avances.
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Misión diplomática a Washington
En paralelo, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se alista para viajar a Washington este viernes. Su objetivo: negociar la exclusión de México del arancel. El país confía en que el historial de buena colaboración bilateral, especialmente en temas de seguridad y migración, sea suficiente para convencer a la Casa Blanca.
Ebrard ya ha sostenido conversaciones preliminares con representantes del Congreso y del Departamento de Comercio. “Esta medida es injusta y sin fundamento”, dijo. Y es que ni siquiera la actual administración estadounidense ha respaldado plenamente el decreto de Trump.







