¡Paren esta masacre!… otro remake mexicano


Corte Directo

Por: Hugo Castro

Nuestro país se encuentra en medio de una gran disyuntiva en cuanto a su manera de producir cualquier producto. Debido al nuevo Tratado de Libre Comercio (T-MEC), México está destinado a meterse en la economía global como “maquilador” de cuanto producto necesite nuestro vecino del norte, es decir buscar producir lo ajeno para quedarnos con solo una comisión mientras que las rebanadas que nos toca casi es el betún que queda embarrado en la caja del pastel.

Es por eso que los envíos de dinero de parte de nuestros paisanos se vuelven cruciales para nuestra economía, ya que si nos basáramos solo en la inversión de las maquiladoras, la cual es la que todos los gobernantes resaltan con “bombo y platillo”, tendríamos una ganancia casi de risa pero que con un poco de “publicidad y filtros” el gobierno dice que sigue avanzando hacia el primer mundo, ilusión que cada vez es lejana pero que nunca ha perdido su validez entre los políticos para vender una ilusión.

Por desgracia el cine nacional se encuentra en esta dinámica y cada vez es más evidente al punto de ya no hay temor “a Dios” para decir que México maquilará todo el cine de éxito.

Posiblemente esta década ha dado nuestro país a parte de los mejores directores que en toda su historia ha tenido. No sólo de ha resaltado el trabajo de los Tres Compadres: Alejandro González Iñarritú, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón, quienes han ganado el Oscar por sus últimas películas y han arrasado en casi todos los festivales internacionales de cine.

Talentos como Carlos Reygadas, Gerardo Naranjo, Amat Escalante, Issa López, Busi Cortés, Michel Franco, Fernando Eimbcke, Lucia Gajá, Tatiana Huezo, Mariana Chenillo y otros más, han puesto al cine de nuestro país en los reflectores a nivel internacional por su calidad, su estructura narrativa y su innovación. Sin embargo si te preguntó a ti lector de estos últimos nombres, ¿cuántas películas de ellos has visto en la última década?, y la respuesta generalizada sería que sólo necesitaríamos los dedos de una mano para enumerarlas. Es decir es más probable que alguien que no viva en el país vea más cine mexicano que nosotros mismos.

Debido a este desfase entre lo que se exhibe de estos nuevos directores en los complejos cinematográficos del país, así como la falta de número de pantallas para las producciones de calidad y la falta de costumbre de ver cine mexicano hacen que los productores apuesten a la forma de buscar hacer negocio, ponderando lo que el público te pueda consumir y que la inversión te reditué.

Por eso no es de extrañar que mientras en Estados Unidos, la idea de retomar las películas clásicas de animación y llevarlas a “Live Action” sea una novedad como hace unos 10 años era hacer todas las películas en 3D, acá en nuestro país es tomar historias que fueron “trancazos taquilleros” para tratar de emular o por lo menos atraer al público para que, al “Tropicalizar” la historia en un contexto “mexa” la raza vaya a ver la “pelí”, se ría por unos cuantos “gags” y por lo menos dure dos semanitas en cartelera para poder recuperar el dinero de la producción, en una suerte de “agandalle de lana” al que está acostumbrado el público que no exige mucho.

Películas como No Manches Frida (Nacho García Velilla,2016), la cual es un remake de la comedia alemana “Fack ju Göhte” (Bora Dagtekin, 2013) , 3 Idiotas (Carlos Bolado, 2017) es la versión mexicana del éxito de Bollywood 3 Idiots (Rajkumar Hirani, 2009), Mi gran pequeño hombre (Jorge Ramírez Suárez, 2016) la cual su primera versión es la argentina Corazón de León (Marcos Carnevale, 2016), han llevado al público mexicano a las salas con fórmulas seguras para hacer reír pero que al tratar de contextualizarlas en nuestra realidad se quedan en mera “capirotada” de estereotipos que nos parecen graciosos en su momento pero que están formados por prejuicios.

Es verdad, no todo el cine estadounidense es Coppola, Allen, Scorsese o Nolan, sin embargo las producciones que se hacen para el consumo masivo tienden a mantener un mínimo de calidad debido a que la inversión tiene que ser recuperada en las primeras semanas o bien ser duplicada, por lo que inversión de talento que se hace en la pantalla será proporcional a la ganancia que se espera. Pocas son las historias donde el talento no sea recompensado, sin embargo las productoras también se dan la oportunidad para hacer películas menores para mover el dinero que se ha ganado y no se quede estancado, por eso es una industria que ya hemos mencionado su interés es que sigamos yendo al cine.

Pero la diferencia en nuestro país es que no tenemos esa estructura y el hacer una película de “mala” para abajo puede ayudar a recuperar el dinero invertido pero para el público simplemente es otra película que llegará a la televisión y ahí permanecerá, sin ninguna trascendencia. Este tipo de cine mexicano es “cajetoso”, es decir dulce, empalagoso y no nutre, solo engorda.

Próximamente se estrenará Cómo si fuera la primera vez (Mauricio Valle, 2019) la cual es el remake de la exitosa 50 First Dates (Peter Segal, 2004) que tuvo como pareja protagonista a Adam Sandler y Drew Barrymore. No podemos hacer una crítica a partir de un “tráiler” o avance debido a que no se ve la producción en su conjunto, sin embargo será necesario tratar de contextualizar una historia como esta. Es cierto que por el “morbo” o la curiosidad muchos vayamos a verla y hacer la comparación, pero al hacer ya por lo menos pagamos la entrada y con eso ya se puede ir considerando un éxito, posiblemente no por la calidad de la producción sino que quienes fueron a verla sea porque ya vieron la versión estadounidense. Es decir compraremos algo “maquilado” aquí que puede tener la “marca” de allá, pero que puede no tener la calidad del original (como ha pasado en los últimos remakes mexicanos).

Hasta parece que en nuestro país ya se perfila una industria cinematográfica maquiladora, la cual tendrá más recursos porque con la fórmula del éxito (tomas una historia que ya tuvo una buena recaudación en el cine, le agregas en los protagónicos a un Derbez o a Omar Chaparro, que salga Martha Higareda y le damos el giro “azteca” que es o dejarle una moraleja estilo “Rosa de Guadalupe” o que se haga al final un homenaje a mexicanos que son sobresalientes como para darle el sentido aspiracional muy recorrido en toda producción de los últimos años) y por ello más pantallas, no nutrirá para nada el desarrollo del cine, pero si nos hará olvidarnos un poco de la realidad agobiante.

Curiosamente la mayoría de estas películas son distribuidas por Videocine, compañía que pertenece a Televisa, la cual por años ha procurado obtener ganancias con historias de muy baja calidad pero que son consumidas por millones de personas, en aras de alegrar a los mexicanos.  Aunque está misma distribuidora tiene títulos interesantes, su catálogo es de comedias en muchas ocasiones no bien logradas.

La desgracia de esto es que, como en nuestra economía, dependamos a nivel creativo de lo que nuestros paisanos que laboran en Estados Unidos nos manden en cuanto a las “remesas” de su calidad porque aquí solo nos alcanza para “maquilar”.

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