Perpetuar la corrupción


Por: Marcelo Torres Cofiño

Esta semana se presentó el Índice de Capacidad de Combate a la Corrupción elaborado por Americas Society/Council of the America’s. No es una sorpresa que salimos reprobados. Obtuvimos una calificación de 4.65 sobre 10. En otras palabras, estamos lejos de contar con un entramado institucional sólido que nos permita acabar con los corruptos.

No lograremos reducir la brecha si se sostiene el pacto de impunidad que, a todas luces, acordaron López Obrador y Peña Nieto. Peor todavía, si se continúa atentando contra la vida institucional en lugar de fortalecerla. Si se continúa por ese rumbo, difícilmente avanzaremos en la dirección correcta y seguiremos siendo vistos en el mundo como una nación tramposa, en donde el irrespeto a la ley es la norma.

En especial para los coahuilenses es frustrante lo que sucede con las instituciones. El caso de la megadeuda es un gran ejemplo para demostrar cómo el estado de derecho fue terriblemente violentado sin que las instituciones hicieran algo para impedirlo o, después, para sancionarlo. Es increíble que el Congreso, en su momento, legalizara los contratos realizados con documentos apócrifos. Pero también lo es que, en la actualidad, la Auditoría Superior del Estado siga haciendo un circo, presentando amparos contra la inacción de la ahora Fiscalía, cuando esta lleva años sin hacer nada.

Pero es absurdo suponer que la mejor manera de arreglar la debilidad de las instituciones, es desapareciéndolas. Solo la locura de una mente delirante como la de Andrés Manuel López Obrador puede llegar a una conclusión así de simplista y fuera de toda lógica racional. Es hasta cómico que hace unos días el Presidente alegara que para gobernar solo hacía falta sentido común, ya que si algo ha demostrado en los meses que lleva en la Presidencia, es que carece de todo sentido común. ¿A quién más se le puede ocurrir que la mejor manera de combatir la corrupción es destruyendo las instituciones?

Por increíble que parezca, esa está siendo su forma de proceder. Al hacerlo, está destruyendo incluso lo poco que funcionaba bien en el país. Claro, el Presidente pone de pretexto siempre la corrupción, pero es incapaz de darse cuenta de que si debilita todavía más la vida institucional de México entonces este país será todavía más corrupto. Y claro que se puede.

Tal vez el ejemplo que le mueve sea el de Venezuela. ¿A alguien le extraña que en ese mismo Índice de Capacidad de Combate a la Corrupción la nación sudamericana de Chávez y Maduro haya quedado en último lugar con una calificación de 1.71? Por supuesto que a nadie. Todos sabemos que no hay país en nuestro continente que tenga el entramado institucional y el estado de derecho más destruido que Venezuela y está claro que al Presidente y a muchos de sus seguidores les encanta cómo viven allá.

También Chávez hablaba de acabar con la corrupción, también le echaba la culpa al neoliberalismo de los corruptos y véanlos ahora. Por eso es nuestra obligación decirle al Mandatario que se equivoca de manera rotunda; que debilitar o, peor, desaparecer a las instituciones para que él pueda gobernarlo todo es la peor idea que le puede ocurrir y el camino más seguro para perpetuar la corrupción.

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