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¿Por qué Artabán, el cuarto rey mago, no llegó a Belén y cuáles son los misteriosos regalos que llevaba al Niño Dios?

El 6 de enero, llegarán los Reyes Magos a millones de hogares llenos de ilusiones y regalos para los niños.

En México se celebra la tradición de los Reyes Magos donde cuenta la historia que tres magos del Oriente montados en un camello, un caballo y un elefante emprendieron el viaje guiados por una brillante estrella para adorar al Niño Jesús que acababa de nacer.

Pero existe la leyenda de Artabán, el cuarto rey mago que se perdió en caminó al nacimiento del Mesías y hoy te la presentaremos.

Artabán, el cuarto rey mago

Artabán, junto a Melchor, Gaspar y Baltasar realizó planes para realizar el viaje en donde conocerían al Mesías y en donde entregarían sus respectivos regalos.

El cuarto rey mago, llevaba una gran cantidad de piedras preciosas (rubí, jade y diamante) para ofrecérselas a Jesús.

Camino al punto de reunión, se encontró con un anciano enfermo, cansado y sin dinero que necesitaba de sus cuidados, por lo que Artabán sin dudarlo le ofreció su ayuda.

Después de brindarle su apoyo, emprendió solo su camino hasta Belén, pero la sorpresa a su llegada, fue que el niño Jesús ya había nacido y sus padres habían huido rumbo a Egipto, escapando de la matanza de infantes que había ordenado Herodes.

Artabán no bajó los brazos y en su caminó encontró al ejército romano a quienes trató de detener en su encomienda, sin embargo, fue detenido y condenado a treinta años de prisión en las cárceles del Imperio Romano.

A su salida, el cuarto rey mago siguió brindando ayuda en los lugares por donde pasaba sin pensar que el cargamento de piedras preciosas se reducía poco a poco.

Así pasaron 33 años hasta que el cansado Artabán llegó al monte Gólgota donde crucificarían a un hombre que decían era el Mesías enviado por Dios para salvar al mundo.

Mientras observaba el tumulto de gente, Artabán alcanzó a ver que una mujer era llevada a la plaza en donde sería vendida como esclava para liquidar la deuda de su padre; por lo que no dudo en entregar el último rubí que quedaba en su bolsa a cambio de la libertad de la mujer.

Desconsolado y triste se colocó junto a una casa, pero en ese momento la tierra tembló y una roca lo golpeó dejándolo moribundo.

Artabán agonizando pidió disculpas por no haber cumplido con la misión de adorar al Mesías, pero antes de morir, una voz le dijo: “Todo lo que hiciste por los demás lo has hecho por mí, pero hoy estarás conmigo en el reino de los cielos”.

Ni eran reyes, ni magos… ¡y tampoco eran tres!

El número de los Reyes Magos ha estado en entredicho durante varios siglos, y hasta el IV los teólogos Orígenes y Tertuliano establecen que son tres y hasta el VIII no se les bautiza como Melchor, Gaspar y Baltasar aunque no fueron de uso común hasta el siglo X.

Sin embargo, la única alusión que se tiene sobre estos personajes aparece en el Evangelio de San Mateo, en el que se menciona a unos ‘magos’, de quienes no da nombres, ni dice que fueran reyes y mucho menos que fueran tres.

Según el Evangelio, San Mateo, capítulo 2, versículos 1 a 12, unos magos llegados de Oriente fueron guiados por una estrella para que adorasen al rey de los judíos que acababa de nacer.

“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”. (Mateo 2:1)

Después que hablaron con Herodes abandonaron el palacio y fueron guiados por la estrella donde encontraron al niño en un establo en Belén, junto a María y José. Tras postrarse ante él y ofrecerle oro, el metal de los reyes; incienso, la ofrenda de los dioses; y mirra, como anuncio de sus futuros padecimientos, fueron advertidos por un ángel de que no volvieran al palacio de Herodes ya que este sólo quería acabar con la vida del niño.

“Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra”. (Mateo 2:11)

El Origen de Melchor, Gaspar y Baltasar

El origen de los Reyes Magos tal como los conocemos en la actualidad tiene su origen en una larga tradición medieval que los “bautizó” con los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar.

Es en el ‘Auto de los Reyes Magos’, una obra fundamental en la historia de la literatura española que aparecen Melchor, Gaspar y Baltasar, pero no son definidos como “reyes”, sino como astrólogos.

En algunos puntos de Europa, el día 6 de enero, comenzaron a escribir sus iniciales, GBM, en todas las puertas de las casas y en los establos para salvaguardar a las personas y a los animales contra el ataque de demonios y brujas.

Con la llegada de los españoles a México, la adoración de los Reyes Magos jugó un papel importante en la Evangelización de la Nueva España y desde entonces forma parte de la Cultura Mexicana.

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Escrito por Redacción

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