La primera encíclica del Papa León XIV, un documento de máxima autoridad magisterial, se centra en la protección de la dignidad humana frente al avance de la Inteligencia Artificial (IA). Este pronunciamiento busca actualizar la doctrina social de la Iglesia ante los desafíos tecnológicos contemporáneos.
Según el doctor Alejandro Sada, investigador de la Universidad Panamericana, el Papa León XIV no se opone a la IA, pero advierte sobre los peligros de su uso desmedido y carente de ética, enfatizando la necesidad de que esta tecnología sirva al bien común.
El documento papal recurre a metáforas bíblicas, comparando la edificación de la Torre de Babel con una IA que impone lógicas de poder vertical. En contraste, la reconstrucción de las murallas de Jerusalén simboliza un modelo de colaboración para el bienestar colectivo, sirviendo como guía.
El investigador Sada subraya que la encíclica no es antitecnológica, sino un llamado urgente a la responsabilidad. Aunque la IA representa una herramienta poderosa para el progreso, también puede generar profundas desigualdades y fomentar la discriminación en diversos ámbitos.
Además, la encíclica alerta sobre el peligro de confundir la IA con la inteligencia humana. Mientras la IA procesa datos y replica procesos, carece de la empatía, el sufrimiento y los deseos inherentes a la intimidad humana, creando “ficciones de humano”.
Existe la preocupación de que la IA pueda desplazar trabajos creativos, invirtiendo la lógica de que las herramientas liberen a los humanos de tareas tediosas. El Papa advierte sobre una posible jerarquía donde el ser humano se convierta en “achichincle de la máquina”.
La encíclica del Papa León XIV exige explícitamente la regulación y supervisión de la Inteligencia Artificial. Busca asegurar que esta tecnología beneficie el trabajo humano y promueva una justicia digital a escala global, con principios claros.
El doctor Sada destacó la inquietud papal por la excesiva concentración de poder en grandes corporaciones privadas transnacionales. Estas entidades, con recursos superiores a muchos países, a menudo operan sin la transparencia y rendición de cuentas esperadas de los estados.
El documento exhorta a desarrolladores y líderes tecnológicos a asumir una responsabilidad ética. Reconoce que el vasto flujo de información otorga un poder inmenso que no es neutral, y su falta de transparencia podría manipular prioridades, subvirtiendo el rol del ser humano.







